
(o por qué decidí bloquear algunos canales de televisión)
Lo reconozco, mis expectativas en relación a la televisión evangélica eran otras. Pensé, tontamente, encontrar más virtudes cristianas que bajezas humanas fluyendo por ese medio de comunicación.
Mi reciente decisión de bloquear los canales evangélicos del televisor no fue fruto del legalismo irracional. Además de sentir verguenza e indignación por esta pantomima ridícula de cristianismo, sentía que asisitr a este sainete me estaba afectando físicamente.
A continuación tres episodios y mucho escozor, su lectura explica mi desazón. Sabrán por qué aprecio cada vez más la bendición de la lectura y a las bestias del Animal Planet (que me generan más simpatía que estas otras bestias apocalípticas).
Episodio 1. No entre!Un anciano pastor encorbatado invitaba a los televidentes al servicio dominical de su iglesia. Fue por su entusiasmo que me quedé unos minutos más en ese canal (el mismo entusiasmo que en breve me haría hervir la sangre). Lamento recordar textualmente sus palabras:
- "Todos están invitados a nuestro templo, pero atención, si usted no viene vestido decentemente, no entra! Hombre sin pantalón largo, no entra; mujer mostrando el ombligo, no entra; hombre sin corbata, no entra; mujer mostrando los senos, no entra...
Si usted no viene vestido decentemente, como agrada a Dios, no se atreva a entrar al templo! porque tenemos personal debidamente entrenado que no lo va a dejar entrar!"-
¿Hacen falta más explicaciones?
Episodio 2. Money, money, money...Uno de los predicadores 'estrella' del pentecostalismo norteamericano estaba compartiendo con su público una revelación que Dios le había dado recientemente. El Señor, según él, le había dicho que prometía bendecir a su pueblo de la siguiente triple manera:
1º. Un hogar libre de estrés, por un año.
2º. Sanidad divina, por un año.
3º. Prosperidad económica, por un año.
Como suele suceder en estos casos, todo está fríamente calculado. El 'ungido' invoca a la divinidad, y una vez que te tiene entre sus manos te exprime hasta el mismo aliento. ¿Cómo alguien puede ser tan ingenuo para pensar que todas estas bendiciones maravillosas de Dios serían otorgadas de pura gracia? No señor, el 'ungido' dijo que esta triple bendición estaba reservada sólo para las primeras mil personas que enviaran un 'donativo' de 8.500 dólares para su ministerio antes de Pascua.
Lo único que el ciego creyente seguidor de este ciego mediador mediocre debía hacer era elegir la forma de pago: un cheque por el monto total de la 'bendición', diez cuotas de 850 dólares, o cien cuotas de 85 dólares.
¿Se imaginan la cantidad de gente que habrá, ávida de la intervención divina en sus vidas, engrosando la cuenta bancaria de este estafador?
Episodio 3. Viva la pena de muerte!Un predicador centroamericano, de estos de doctorado por correspondencia y que les encanta que les llamen 'reverendo', estaba tirando contra todo y contra todos en su sermón dominical transmitido por televisión para todo el continente. Sus argumentos para refutar a todo aquel que no pensara como él eran endebles e invocaba la Biblia como si fuera su talismán, un fetiche.
Me gusta relacionarme y escuchar a gente que piensa distinto a como yo pienso, aprendo, crezco, reflexiono. Claro, mi grado de tolerancia tiene también su límite, por ello me reconozco profundamente humano. Creo que el respeto es fundamental para el diálogo entre diferentes, aunque hay barrabasadas que me revuelven el estómago y todo su contenido.
El último punto del sermón de este personaje tenía que ver con el debate por la pena de muerte que se está dando en su país por estos días. Escuchen:
-"Quiero decirles algo, no se que está esperando el presidente para firmar el decreto e imponer la pena de muerte en nuestro país. Lo necesitamos con urgencia, nuestras cárceles están demasiado llenas. Yo no creo en eso de que hay que perdonar, el que mató tiene que morir. Yo quiero la pena de muerte para mi país, y la quiero ahora!"-
Hay gotas que derraman vasos, esto fue una cascada escatológica.
Elegí estos tres momentos entre varios a los que me arrepiento de haber asistido. Hay características a través de las cuales se pueden vincular a unos con otros: carencia total de misericordia, megalomanía, abuso, charlatanería, etc. ¿Y Cristo? el más ausente.
Frente a esta falsa religión añoro el azote de cuerdas de Jesús, aquel que puso patas para arriba las mesas de los usureros, pero esta vez en tanto estudio de televisión. Quiero acercarme a la mesa para escuchar a aquel Jesús que come y bebe con los pecadores. La televisión me dejó cansado y agobiado, se que él puede hacerme descansar.
Que así sea.