28 febrero 2007

Escándalo y locura

"Pablo describe la imagen, inaudita para la época, de un Dios que no es más grandioso; no es colérico, ni terrible, ni lleno de poder como el de los judíos, sino que es débil y misericordioso al punto de dejarse crucificar – lo que, a los ojos del judaísmo de la época, ¡bastaría para probar que no tenia nada de divino!

Pero él tampoco es ni cósmico ni sublime como el de los griegos que, de modo panteísta, hacen de él la estructura perfecta de Todo el universo.

Y es justamente ese escándalo y esa locura que constituyen su fuerza: es por su humanidad, exigida de quienes van a creer, que él se va a volver el portavoz de los débiles, de los pequeños, de los subalternos.

Centenas de millones de personas se reconocen, aún hoy, en la extraña fuerza de esa debilidad misma".

Luc Ferry, del libro "Aprender a vivir".
Filósofo y ex-ministro de Educación de Francia.
Citado por Ricardo Gondim en www.ricardogondim.com.br

27 febrero 2007

Retiro espiritual

Este sábado, 24 de febrero, fue uno de esos días que espero recordar por mucho tiempo. Celebré mi cumpleaños =) acompañado de mi esposa, mi suegra, y unos muy queridos hermanos de la iglesia luterana.

Todos participamos del retiro espiritual de Cuaresma, y fuimos hospedados en una capilla franciscana del pueblo de Manatí, aquí en Puerto Rico.

Tantas cosas han pasado en estos 31 años! Compartir y aprender de mis hermanos luteranos es una de las experiencias maravillosas de la vida. Gracias a Dios!


22 febrero 2007

Gracia que nos transfigura

"Ser tocado por la gracia no significa... simplemente hacer progresos de orden moral en nuestro combate contra determinados defectos particulares o en nuestras relaciones con los demás y con la sociedad.

El progreso moral puede ser un fruto de la gracia, pero no es la gracia misma; puede incluso cerrarnos a la gracia... Y, ciertamente, la gracia no viene cuando tratamos de apropiárnosla, ni tampoco mientras, en nuestra autosuficiencia, pensemos que no tenemos necesidad de ella.

La gracia nos toca cuando nos hallamos angustiados y no tenemos reposo. Nos alcanza cuando caminamos por el valle sombrío de una vida vacía y desprovista de sentido. Nos invade cuando sentimos que nuestra alienación es más profunda, porque hemos arruinado otra vida... Nos toca cuando la insatisfacción con nosotros mismos, nuestra indiferencia, nuestra debilidad, nuestra hostilidad, nuestra falta de rectitud y nuestro comportamiento, se nos han hecho insoportables. Nos toca cuando, año tras año, nuestro deseo de una vida perfecta no se ve satisfecho, cuando nuestras inveteradas tensiones siguen esclavizándonos como han venido haciéndolo durante decenios, cuando la desesperación destruye toda alegría y todo animo.

A veces, en uno de esos momentos una ráfaga de luz atraviesa nuestras tinieblas, y es como si una voz nos liberase: "Tú eres aceptado. Tú eres aceptado por alguien más grande que tú y cuyo nombre no conoces. No preguntes ahora cuál es ese nombre; tal vez lo descubras más tarde. No trates ahora de hacer nada; tal vez lo hagas mucho más adelante. Acepta simplemente el hecho de que eres aceptado".

Cuando esto nos ocurre, experimentamos lo que es la gracia. Después de semejante experiencia, tal vez no seamos mejores que antes ni creamos más que antes. Pero todo ha quedado transformado. En ese momento, la gracia triunfa sobre el pecado, y la reconciliación supera el abismo de la alienación. Y nada se exige para esta experiencia: ningún presupuesto religioso, moral o intelectual; no se pide más que la aceptación".

P. Tillich

13 febrero 2007

Kyrie Eleison o "el libro que se me pegó a la mano"

Leo sobre la fe. Me gusta. Disfruto esos puntos de encuentro con casi todos los autores que puedo leer. Dri, Gondim, Marina, Mujica, Ronchi y Rooy son mis compañeros de camino en lo que va del 2007.

Estoy leyendo Kyrie Eleison (Ed. Troquel) del escritor, poeta y cura argentino Hugo Mujica. Comparto algunos pasajes que he disfrutado mucho. Espero que la jornada por recorrer nos proporcione más instantes llenos de gracia como estos.

><>
La promesa renacentista de hacernos personas se replegó en ser individuos, los individuos degeneraron en sujetos, sujetos de todo, sujetos a todos los objetos.
Frente al maquinismo, al coloso construido por el hombre enajenado de él, no hay distancia de reverencia ni cercanía de intimidad: no hay relación, solo función. Las actividades humanas, lejos de personalizar e integrar, tipifican y disuelven, masifican y estandarizan. Ser diferente se torna ser culpable.
El hombre ya no comprende. Ocasionalmente trata de reflexionar sobre su existencia, buscar el significado y el valor de la vida, su vida. De tanto en tanto, y sólo de tanto en tanto, reflexionamos. Pero también sabemos la otra verdad, la verdad que prevalece, tememos pensar, tememos desengañarnos de las verdades con que nos mentimos.
Cuando el hombre piensa, cuando ocasionalmente lo hace, comienza a abstraer, a sacar conclusiones, a barajar silogismos... Más que pensar, aunque use palabras, calcula, computa, programa. También su reflexión esta resquebrajada, esta entrojada en el cuadriculado de la razón, enajenada de su intelecto, alienada de su corazón. En todas sus ideas parece campear el mismo prejuicio, la misma limitación: su reduccionismo, su querer explicar todo por la parte, lo más por lo menos, la verdad por su verdad.
En búsqueda de su última realidad, de su último fundamento, el hombre se siente perdido. Mide la distancia que lo separa de ella… Se descubre extranjero de su origen, incapaz de su destino… Pero el hombre no esta solo, nunca fue dejado solo.
Peregrino hacia su corazón, llega a descubrir en el fondo de su ser una realidad desde la cual viene y hacia la que va; una inaprehensible irradiación, una gratuita comunión.
El hombre se descubre, se escucha, proyecto viviente de Dios, gesto de Dios.
En este itinerario hacia el propio destino, Dios aparece como Otro sólo después de una larga trayectoria, de una larga marcha de la humanidad y de cada hombre. Su trascendencia se va diafanando a medida que el camino va orillando donde ya no es camino. Después viene el salto, la entrega hacia Aquel que viene desde nuestra misma caída.
Salto sobre el abismo no sólo ontológico sino también culpable, salto hacia el hiato tan humanamente infranqueable que es expresión no solo de la trascendencia de Dios sino también de la salvación que nos regala, de la gracia salvífica de Cristo Jesús. Salto hacia donde ya no hay lugar, sino Presencia, encuentro, gracia recreadora, salvación.
Esta unión personal con un Dios personal, excede todo otro modo de relación, todo otro modo de unión, de intimidad, de personalización. Todo lo que constituye al hombre, sus luces y sus sombras, lo que es y lo llamado a ser, su misterio y su aparecer, su logro y su fracaso, está presente en esta inasible participación con su Creador. Todo lo que el hombre realiza o destruye, lo que elige u omite, lo religan o lo alienan a Él.
Sin esta apertura relacional el hombre no podría ser, no podría ir recibiendo al ser de Aquel que le va creando, que le va amando. La persona se realiza en esta trascendencia, trascendiéndose a sí misma hacia delante: asumiendo y labrando la historia, trascendiéndose desde sí misma, dejándose embargar, transfigurar.
Esta constante búsqueda, donde lo escondido del corazón costea lo escondido de Dios, donde "un abismo llama al otro abismo", recorre la historia del hombre, la recorre por tantos años como años tiene su existir.

12 febrero 2007

Un día en Borders

El sábado estuvimos con Lory, casi todo el día, disfrutando de la librería Borders de Plaza las Américas. "Plaza", como se conoce comúnmente, es uno de los mayores shoppings de todo el Caribe. El auténtico templo mayor del espíritu consumista puertorriqueño.

Es cierto que nuestros valores distan mucho de los diamantes de las vidrieras, los trajes Armani, las automóviles Jaguar y de todo un sinfín de nimiedades -no menos atrayentes- que se pueden encontrar allí. Sin embargo, confieso que Borders nos atrae irresistiblemente.

Hay varias razones para esa 'atracción': vivimos en una isla-ciudad con cada vez menos espacio verde para disfrutar en un día libre, las expresiones artísticas -teatro, danza, ópera- son escasas (hablo comparando, injustamente, Puerto Rico con Buenos Aires) y porque Borders es la única "mega" librería que hemos encontrado aquí. Si alguien sabe de otra, por favor, nos avisa! Ahora que lo pienso, es lo único "mega" que me gusta :)

Allí, al igual que en El Ateneo, uno puede sentarse a leer el tiempo y la cantidad de libros que desee, tomando un café en el segundo piso o tirado en el suelo -a falta de mayores bancos y sillones-. Eso sí, con algo más de desorden y no tanto silencio, pero se disfruta igual.

En el piso superior, además de libros y más libros, uno se encuentra con toda una gran sección de música, otra de conciertos y películas en DVDs. Muchos aprovechan para conectarse a Internet inalámbrica con su laptop, y otros, como yo, andamos tomando notas con lápiz y papel. Hasta hay un espacio donde, todo el que lo desee, puede sentarse a jugar ajedrez con ancianos muy experimentados en esas guerras de peones.

Lory viendo libros de management y liderazgo
Esta vez anduve viendo, alucinado, la autobiografía de Nelson Mandela y el libro de Desmond Tutu "No Future Without Forgiveness" (No hay Futuro sin Perdón). Terminé con un libro chiquito pegado a la mano, que me obligó a traerlo a casa, ya contaré de él en un próximo post...

09 febrero 2007

Mkhulu

"No nací con hambre de libertad, nací libre en todos los aspectos que me era dado conocer. Libre para correr por los campos cerca de la choza de mi madre, libre para nadar en el arroyo transparente que atravesaba mi aldea (...) Solo cuando empecé a comprender que mi libertad infantil era una ilusión, cuando descubrí, siendo joven, que mi libertad ya me había sido arrebatada, fue cuando empecé a añorarla."

><>
"Cuando salí de la cárcel ésa era mi misión: liberar tanto al oprimido como al opresor. Hay quien dice que ese objetivo ya ha sido alcanzado, pero sé que no es así. La verdad es que aún no somos libres; solo hemos logrado la libertad de ser libres, el derecho a no ser oprimidos. Ser libre no es simplemente desprenderse de las cadenas, sino vivir de un modo que respete y aumente la libertad de los demás."
><>
"He recorrido un largo camino hacia la libertad. He intentado no titubear. He dado pasos en falso en mi recorrido, pero he descubierto el gran secreto. Tras subir una colina, uno descubre que hay muchas más colinas detrás. Me he concedido aquí un momento de reposo, para lanzar una mirada hacia el glorioso panorama que me rodea, para volver la vista atrás hacia el trecho que he recorrido. Pero solo puedo descansar un instante, ya que la libertad trae consigo responsabilidades y no me atrevo a quedarme rezagado. Mi largo camino aún no ha terminado."

Mkhulu (abuelo) Nelson Mandela

04 febrero 2007

Mis cinco centavos

Tomo la posta que me dejó Jaaziel, aquí van unas cinco (menos mal que son cinco nada más :) cosas que no saben de mí. Este es mi meme:

1. Mi apellido: Ñanco, Ñamku o Ñanku, es el nombre -en lengua mapuzugum - de un águila venerada en la espiritualidad del pueblo mapuche. Mi papá había nacido en una comunidad indígena del sur argentino. Hay algunos longkos (caciques) entre mis antepasados... así que más respeto por favor, jejeje. (Ver link)

2. Estudié guitarra clásica durante 8 años, pero no insistan porque no ejerzo, jeje... también algo de mimo, teatro, artes varias. He hecho de todo un poco, casi casi como un artista de circo, o debería decir ¿un hijo de pastor? Ahhh, actué como "El brujito de Gulubú" cuando tenía 10 años (la anécdota menos vergonzosa de mi paso por la escuela primaria, se pueden imaginar las otras, ja!)

3. Con Lory, mi esposa, nos conocimos en Argentina, nos enamoramos en México, nos comprometimos en Estados Unidos y nos casamos en Puerto Rico. Un noviazgo, compromiso, y casamiento, prácticamente "aéreos"... Aunque vivimos acá en el Caribe, nos encanta el sur argentino, particularmente la zona de El Bolsón y Lago Puelo, entre Río Negro y Chubut.

4. Tuve un perro llamado 'Kaiser Pichichus' (traducido: el emperador de los perros :) Negro azabache, hermoso animal. Cuando me fui de casa a estudiar a Brasil me contaron que se puso como loco y se escapó para ir a buscarme. Si alguien lo ve, por favor, me avisa.

5. Casi me ahogo en el mar. Pero no fue aquí, sino en Mar del Plata y hace varios años. Me había ido con Christian, mi amigazo del alma, de vacaciones; ambos éramos solteros aún. El cuento corto: agua fría, ineptitud para nadar, un par de temerarios, muy a lo profundo. Nos sacaron los guardavidas. Anécdotas de juventud que sirven para entretener las reuniones familiares :)P

Hablando de aguas y mares, ¡que nadie se me enoje! pero voy a develar aquí el 'misterio' de mi negativa a volver a entrar a la playa de Mar del Plata. No fue la cuasi-ahogada, no, no. Vean esta secuencia de fotos satelitales de las playas en donde alguna vez me sumergí, y sabrán por qué a la última -Cabo Rojo- además de tenerla cerca... no la cambio por nada :)

Cualquiera que pase por esta isla, lea, y quiera contar sus "cinco centavos" está invitado a continuar la posta. Eso sí, avísen!

¿A quienes me gustaría invitar a que cuenten sus 'cinco cosas desconocidas', pero es imposible?

- A mi profesor de guitarra, el muy querido Juan María Melzi. El mismo que estuvo con Andrés Segovia y con tantos "grandes" de verdad. Está mayor y no es un hombre "electrónico". Quizás cuando vuelva a Buenos Aires y vaya a saludarlo como de costumbre, le pregunto :)

- A otro profesor, éste para nada admirado ni querido, el Dr. Scala. El que en plena clase de biología del secundario vociferó de las bondades del gobierno de Hitler y dijo que el führer jamás había matado siquiera a un solo judío. ¿Cuántas cosas habrá escondido tu corazón ario? Está muerto, hace tiempo que lo estaba.

Y tengo muchos otros y otras, pero el post ya está largo :)

23 enero 2007

Quiero aprender a lamentar

Traigo del blog en español de Ricardo Gondim esta reciente publicación. Quisiera que mis visitantes puedan leer acerca del cristianismo del que me siento parte, y deseo seguir. Si alguien puede saborear tanto lamento, entonces me sentiré acompañado...

><>
Quiero aprender a lamentar
por Ricardo Gondim

El profeta Ezequiel comió un libro repleto de lamentos, llantos y ayes. Después de llenar su estomago, afirmó: “Y yo me lo comí, y era tan dulce como la miel” (Ez. 3:3). ¿Cómo puede tal libro saber dulce en la boca de alguien? Es muy extraño saborear lamentos en una sociedad hedonista y obsesionada por el éxito. Pero, felices los que lloran y alivian el corazón de sus dolores; ellos consiguen ahogar sus coherencias con lágrimas; lloran sin la persecución de la lógica y no les importa la censura. Alguien dijo que el poeta sólo es poeta si sufre, también puede afirmarse: el profeta sólo es profeta cuando aprende a lamentar.

Abracé, por años, una fe discursiva, triunfalista y racional que me hizo olvidar el valor del lamento. Yo asociaba el llanto a la debilidad. Consideraba que el mensaje del evangelio transformaría a las personas en vencedores imbatibles y que nada podría sacudir a un creyente. Hasta que leí al teólogo judío, Abraham Joshua Heschel. Con él aprendí una nueva dimensión sobre la intimidad con Dios. Heschel afirmaba que los profetas no fueron meros portavoces de la voz divina, sino personas llamadas para comulgar con el pathos de Jehová – palabra griega que significa sentimiento. Para él, ser profeta representaba el privilegio de participar de las emociones divinas. Así que, cuando Jeremías, por ejemplo, llora y lamenta, las lágrimas no son suyas, sino las de Dios.

El apóstol Pablo también pensó en esa identidad profética al afirmar en Filipenses 1:29. “Porque a ustedes se les ha concedido no sólo creer en Cristo, sino también sufrir por él”.

Así que, quiero volverme íntimo de Dios, no sólo para celebrar su presencia en lo que hay de bonito y loable, sino también para aprender a lamentar con Él, los horrores de un mundo que no comprende su voluntad.

Quiero conocer el corazón de Dios para lamentar la suerte de África que viene siendo diezmada por el avance del sida. Sabré llorar la muerte innecesaria de millones de niños que se amontonan en campos de refugiados, expulsados por las guerras étnicas. Lamentaré el descanso de las naciones ricas, tan preocupadas consigo mismas. Sufriré porque ellas se comportan como Caín, que le respondió al Señor: “¿Soy yo responsable por mi hermano?”.

Quiero conocer el corazón de Dios para lamentar el drama de los pequeños países latinoamericanos sin recursos naturales y sin posibilidades para pagar sus deudas. Con los ojos llenos de lágrimas, recordaré que toda América Latina fue robada, explotada y usada por imperios que se llevaron de aquí oro, plata, cobre, hierro, madera y bananas. Lamentaré que no haya una justicia retributiva para que esos países sean indemnizados y no sufran tanto. Lloraré por la hemorragia de la riqueza latinoamericana que gasta todo lo que produce para pagar intereses extorsivos.

Quiero conocer el corazón de Dios para lamentar lo que sucede en mi patria. Lloraré por los ríos que se convirtieron en cloacas, por los bosques talados, por la saña del mercado y por las playas que perdieron su virginidad blanca, inundadas de basura. Sentiré mi corazón apuñalado cuando recuerde que Brasil se volvió una amenaza para la humanidad; una Amazonas desvastada representará, tal vez, el desequilibrio final y total del sistema ecológico global.

Quiero conocer mejor el corazón de Dios para llorar por la existencia de clínicas clandestinas de abortos, míseros cuartos donde travestis negocian barato el cuerpo, mendigos que duermen con sus familias bajo puentes, y favelas inmundas que se multiplican en las márgenes de los riachos fétidos. Deseo comprender lo que significó para Jesús afirmar: “Así también, el Padre de ustedes que está en el cielo no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños” (Mt. 18:14).

Quiero conocer mejor el corazón de Dios para lamentar la exportación de niños que servirán al sórdido mercado de la pedofilia. Quiero llorar al Brasil que se transformó en ruta de turismo sexual. ¿Conseguiré expresar mi tristeza porque mi país es conocido internacionalmente por su violencia, sensualidad, desnudez e irresponsabilidad? Hoy ya me siento constreñido por saber que los cónsules tratan a los brasileños como oportunistas que sólo desean emigrar a sus países como subempleados. Me avergüenza cuando observo brasileños llegando al aeropuerto, para luego verlos esposados, porque no fueron bienvenidos.

Quiero conocer mejor el corazón de Dios para lamentar que muchos sectores evangélicos de occidente se alinearon a una geopolítica norteamericana desastrosa. Lloraré porque han apoyado una guerra, y por hacer inviable el diálogo con el mundo islámico. Es lamentable que los musulmanes identifiquen a los cristianos como infieles sanguinarios y legitimadores de una doctrina bélica.

Quiero conocer mejor el corazón de Dios para poder lamentar la pérdida de la credibilidad de la iglesia. Es necesario que me duelan los fracasos morales que se suceden; el clero que despoja al pobre; los sermones que se volvieron irrelevantes y la fe que se transformó en mercadería. Cerca de Dios, sabré valorar la sangre de los mártires, de los misioneros y el esfuerzo de los teólogos. Diré que la fe no puede perderse en un mar de obviedades. ¡Quiero indignarme por los discursos vacíos, las promesas irreales y la banalizacion del milagro!

Anhelo ser tan íntimo de Dios como el profeta Isaías. Yo también diré que Dios odia las fiestas religiosas y las muchas oraciones hechas en su nombre sin que se busque la justicia, combata la opresión y defienda el derecho de la viuda y del huérfano. Se que hay tiempo para la celebración, pero hoy quiero aprender a lamentar.

Soli Deo Gloria.

16 enero 2007

El legado del Martin Luther King

De La Jornada

Nueva York, 15 de enero. "Sabía que nunca podría pronunciarme contra la violencia de los oprimidos en los ghettos sin primero haber hablado claramente ante el surtidor de violencia más grande en el mundo hoy día: mi propio gobierno", declaró el reverendo Martin Luther King Jr. hace casi 40 años en torno a la guerra en Vietnam, pero esas palabras no forman parte de ningún acto oficial hoy al celebrarse el día federal dedicado a esa figura.

(...) Más aún, el esfuerzo por anular parte del mensaje de disidencia King de la versión oficial revelan que sus palabras siguen vigentes 40 años después, en un país que está en medio de otra guerra. "Este negocio de quemar a seres humanos con napalm, de llenar los hogares de nuestro país con huérfanos y viudas, de inyectar la droga envenenada del odio a las venas de personas normalmente humanitarias, de enviar a casa a hombres minusválidos y sicológicamente trastornados que regresan de campos de batalla oscuros y sangrientos, eso no puede reconciliarse con la sabiduría, la justicia y el amor. Una nación que continúa, año tras año, gastando más en la defensa militar que en programas de asistencia social, se está aproximando a la muerte espiritual", declaró King en su famoso discurso el 4 de abril de 1967 en la iglesia Riverside en Nueva York.

(...) En su discurso en Nueva York, King denunció la guerra injusta contra los vietnamitas, pero también se refiere a los efectos que esto tiene contra los jóvenes estadunidenses enviados a esa guerra. Dijo que no sólo se estaba sujetando a estas tropas al "proceso brutalizador" de cualquier guerra, sino también que "estamos agregando el cinismo al proceso de muerte, ya que ellos (las tropas) se enterarán, en poco tiempo, que ninguna de las cosas en nombre de las cuales se dice que estamos luchando son parte de esto. No tarda para que entiendan que su gobierno los ha enviado a una lucha entre vietnamitas, y los más sofisticados seguramente se dan cuenta que estamos de lado de los ricos, los seguros, mientras creamos un infierno para los pobres".

Exigió: "de alguna manera esta locura tiene que detenerse. Debemos detenerla ahora". King convocó a la protesta, a todo tipo de acción contra la guerra. Condenó el silencio, incluso el suyo en los años anteriores, al declarar que era una traición. "No podemos mantenernos silenciosos mientras nuestra nación realiza una de las guerras más crueles y sin sentido de la historia".

No es sorprendente que Bush y otros políticos prefieran no recordar estas palabras, y que los grandes medios tampoco difundan este mensaje hoy. Ni siquiera la nueva presidenta de la Cámara baja ­y por lo tanto líder de la oposición política a la presidencia­ Nancy Pelosi, hizo alusión a estas palabras de King.

(...) ¿Podría ser que Reagan entendía que la forma más fácil para deshacerse de Martin Luther King Jr. era rendirle culto? Honrarlo con un día feriado que él nunca hubiese deseado para celebrar su natalicio y su muerte sin comprometernos con su visión o su amor. Es más fácil elogiar a un héroe muerto que reconocer y seguir a un profeta vivo.

Pero el creciente coro de denuncia, de protesta, y de oposición a la guerra en Irak está rodeando al presidente y otros políticos mientras escriben tarjetas a víctimas de las consecuencias de sus políticas. Unos cuantos políticos, líderes religiosos, opositores a la guerra y defensores de la historia del pueblo sí recordaron y buscaron hoy hacer rebotar los ecos de la condena moral y política del reverendo sobre la actual coyuntura. A pesar del gigantesco esfuerzo para impedirlo, la sonora voz de King y sus aliados aún rompen el silencio oficial por todo el país.

09 enero 2007

Puedes juntar las manos - Girondo

Tenía 16 años cuando descubrí la poesía de Oliverio Girondo. Y todo gracias a mi profesora de literatura de 4º año del secundario, que pensaba (pobre) que yo tenía algún talento para la composición.
Girondo, locura y genialidad. Gracias profe!, de aquellos días de estudiante, uno de mis mejores recuerdos.

Puedes juntar las manos

La gente dice:
Polvo,
Sideral,
Funerario,
y se queda tranquila,
contenta,
satisfecha.
Pero escucha ese grillo,
esa brizna de noche,
de vida enloquecida.
Ahora es cuando canta
Ahora
y no mañana
Precisamente ahora.
Aquí.
A nuestro lado...
como si no pudiera cantar en otra parte.
¿Comprendes?
Yo tampoco.
Yo no comprendo nada.
No tan sólo tus manos son un puro milagro.
Un traspiés,
un olvido,
y acaso fueras mosca,
lechuga,
cocodrilo.
Y después...
esa estrella.
No preguntes.
¡Misterio!
El silencio.
Tu pelo.
Y el fervor,
la aquiescencia
del universo entero,
para lograr tus poros,
esa ortiga,
esa piedra.

Puedes juntar las manos.
Amputarte las trenzas.
Yo daré mientras tanto tres vueltas de carnero.
Oliverio Girondo
(1891-1967)

Con las venas abiertas

Rescato algunos fragmentos del libro "Las Venas Abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano.

Se lo dedico a mis hermanos mapuche, guaraníes, zapotecos, mixtecos, otomíes, náhuatl, kayapó. A todos los que, con su existencia y su lucha, contradicen el "había una vez" de los libros de historia.

A los taínos, presos de una isla muy pequeña y de un mar demasiado grande para escapar del exterminio.

A Bartolomé de las Casas, porque hizo lo que pudo.

><>
En 1581, Felipe II había afirmado, ante la audiencia de Guadalajara, que ya un tercio de los indígenas de América había sido aniquilado, y que los que aún vivían se veían obligados a pagar tributos por los muertos. El monarca dijo, además, que los indios eran comprados y vendidos. Que dormían a la intemperie. Que las madres mataban a sus hijos para salvarlos del tormento en las minas. (...)
Según el marqués de Barinas, entre Lima y Paita, donde habían vivido más de dos millones de indios, no quedaban más que cuatro mil familias indígenas en 1685. El arzobispo Liñán y Cisneros negaba el aniquilamiento de los indios: «Es que se ocultan -decía- para no pagar tributos, abusando de la libertad de que gozan y que no tenían en la época de los incas».
Manaba sin cesar el metal de las vetas americanas, y de la corte española llegaban, también sin cesar, ordenanzas que otorgaban una protección de papel y una dignidad de tinta a los indígenas, cuyo trabajo extenuante sustentaba al reino. La ficción de la legalidad amparaba al indio; la explotación de la realidad lo desangraba. (...)
A fines del siglo XVIII, Concolorcorvo, por cuyas venas corría sangre indígena, renegaba así de los suyos: «No negamos que las minas consumen número considerable de indios, pero esto no procede del trabajo que tienen en las minas de plata y azogue, sino del libertinaje en que viven» (...)
No faltaban las justificaciones ideológicas. La sangría del Nuevo Mundo se convertía en un acto de caridad o una razón de fe. Junto con la culpa nació todo un sistema de coartadas para las conciencias culpables. Se transformaba a los indios en bestias de carga, porque resistían un peso mayor que el que soportaba el débil lomo de la llama, y de paso se comprobaba que, en efecto, los indios eran bestias de carga. Un virrey de México consideraba que no había mejor remedio que el trabajo en las minas para curar la «maldad natural» de los indígenas. Juan Ginés de Sepúlveda, el humanista, sostenía que los indios merecían el trato que recibían porque sus pecados e idolatrías constituían una ofensa contra Dios. El conde de Buffon afirmaba que no se registraba en los indios, animales frígidos y débiles, «ninguna actividad del alma». (...)
En el siglo XVIII, los indios, los sobrevivientes, aseguraban la vida cómoda de muchas generaciones por venir. Como los dioses vencidos persistían en sus memorias, no faltaban coartadas santas para el usufructo de su mano de obra por parte de los vencedores: los indios eran paganos, no merecían otra vida. ¿Tiempos pasados? Cuatrocientos veinte años después de la Bula del Papa Paulo III, en septiembre de 1957, la Corte Suprema de justicia del Paraguay emitió una circular comunicando a todos los jueces del país que «los indios son tan seres humanos como los otros habitantes de la república ... » Y el Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica de Asunción realizó posteriormente una encuesta reveladora en la capital y en el interior: de cada diez paraguayos, ocho creen que «los indios son como animales».
En Caaguazú, en el Alto Paraná y en el Chaco, los indios son cazados como fieras, vendidos a precios baratos y explotados en régimen de virtual esclavitud. Sin embargo, casi todos los paraguayos tienen sangre indígena, y el Paraguay no se cansa de componer canciones, poemas y discursos en homenaje al «alma guaraní». (...)
Los indios han padecido y padecen -síntesis del drama de toda América Latina- la maldición de su propia riqueza. (...)
Las matanzas de los indígenas que comenzaron con Colón nunca cesaron. En Uruguay y en la Patagonia argentina, los indios fueron exterminados, el siglo pasado, por tropas que los buscaron y los acorralaron en los bosques o en el desierto, con el fin de que no estorbaran el avance organizado de los latifundios ganaderos.

18 octubre 2006

El tren de la vida

por Leonardo Boff / Servicios Koinonia

Dejemos los escenarios sombríos sobre el futuro del Planeta y pasemos a historias que hablan del destino final de la vida.

Un tren corre veloz hacia su destino. Corta los campos como una flecha. Atraviesa las montañas. Pasa los ríos. Se desliza como un hilo en movimiento.

Dentro de él se despliega todo el drama humano. Gente de todo tipo. Gente que conversa. Gente que calla. Gente que trabaja en su ordenador. Gente de negocios, preocupada. Gente que contempla serenamente el paisaje. Gente que ha cometido crímenes. Gente que es buena gente. Gente que piensa mal de todo el mundo. Gente solar que se alegra con el mínimo de luz que encuentra en cada persona. Gente a la que le encanta viajar en tren. Gente que por razones ecológicas está contra el tren. Gente que se equivocó de tren. Gente que no se cuestiona; sabe que está en su rumbo y a qué hora llega a su ciudad. Gente ansiosa que corre a los primeros vagones con el afán de llegar antes que los demás. Gente estresada que quiere retrasar la llegada todo lo posible y se va a los últimos vagones. Y, absurdamente, gente que pretende huir del tren andando en dirección opuesta a la que lleva el tren.

Y el tren impasible sigue hacia su destino, trazado por los raíles. Lleva a todos despreocupadaamente. No rechaza a nadie. Sirve a todos y a todos proporciona un viaje que puede ser espléndido y feliz, garantizando dejar a cada cual en el punto de destino establecido en su ruta.

En este tren, como en la vida, todos viajamos gratuitamente. Una vez en movimiento, no hay como escapar, bajar o salir. Uno puede enfurecerse o alegrarse; no por ello el tren deja de correr hacia el destino prefijado y llevar a todos cortesmente.

La gracia de Dios —su misericordia, su bondad y su amor— es así, como un tren. El destino del viaje es Dios. El camino también es Dios, porque el camino no es otra cosa que el destino realizándose paso a paso, metro a metro.

La gracia carga a todos, a los que están a favor y a los están en contra. Negándolo, el tren no se modifica. Tampoco la gracia de Dios. Sólo el ser humano se modifica. Puede estropear su viaje, pero no puede dejar de estar dentro del tren.

Acoger el tren, hacerse amigo y compartir con los compañeros de destino es ya anticipar la fiesta de llegada. Viajar ya es estar llegando a casa. La gracia es «la gloria en el exilio, la gloria es la gracia en la propia tierra» como decían los antiguos teólogos.

Rechazar el tren, correr ilusoriamente en dirección contraria, no sirve para nada. El tren carga y lleva también a estos rebeldes con toda paciencia, porque Dios se da indistintamente a buenos y a malos, a justos y a injustos.

La vida, como la gracia, es generosa para con todos. De vez en cuando nos hace darnos cuenta de la realidad. En ese momento —y existe siempre el momento propicio para cada persona humana— el recalcitrante se da cuenta de que es llevado gentil y gratuitamente. De nada sirve su resistencia y su rechazo. Lo más razonable es escuchar la llamada de su naturaleza y dejarse seducir por la oportunidad de un viaje feliz.

Entonces se deshace el infierno interior e irrumpe gloriosamente el cielo, el rostro humanitario de Dios. Descubre la gratuidad del tren, de todas las cosas y la presencia de Dios. Hay un destino bueno para todos; para cada cual a su medida.

Y tú, lector y lectora, ¿cómo viajas?

24 de febrero de 2006

Oración al Dios No Conocido

Antes de continuar en mi camino
y lanzar mi vista al frente una vez más,
elevo, solo, mis manos a Tí en dirección de quién huyo.
A Tí, de las profundidades de mi corazón,
he dedicado altares festivos para que,
en cada momento, tu voz me pudiera llamar.
Sobre esos altares están grabadas a fuego estas palabras:
"Al Dios No Conocido"
Tuyo, soy yo, aunque al presente me encuentre asociado a los sacrílegos.
Tuyo, soy yo, no obstante los lazos que me empujan al abismo.
Aunque quiera huir, me siento forzado a servirte.
Yo quiero conocerte, desconocido.
Tú, que me penetras el alma y, cual torbellino, invades mi vida.
Tú, el incomprensible, pero mi prójimo,
quiero conocerte, quiero servirte sólo a Tí.

Friedrich Nietzsche
(Traducido del alemán por Leonardo Boff)

17 octubre 2006

Paráfrasis

Cada tarde al regresar de sus labores en el campo, este hombre se aseaba, se perfumaba y se ponía sus ropas "de salir". El ritual se repetía cada tarde. Caminaba por la cocina de su rancho, esperanzado, arrastraba la silla hasta la vereda y se sentaba. Mientras su mirada se perdía en el polvoriento camino que llevaba al pueblo, permanecía, esperando.

Era tal su determinación en quedarse allí, que muchas veces no cenaba, se conformaba con un par de mates que su hijo mayor le alcanzaba, de vez en cuando. Recién entrada la oscuridad de la noche, el triste hombre cabizbajo y agotado, se iba a dormir esperando el nuevo día que le devolvería renovada su esperanza.

Muchos lo tenían por una persona singular, un demente. Lo habían visto hablar a solas, como si intentara comunicarse con alguien ausente. En voz baja confesaba sus sueños, contaba largas historias y sonreía. Cada vez con mayor frecuencia sus ojos se ponían vidriosos, dejando escapar alguna lágrima.

Pasaron días, meses completos, su cabeza se llenó de canas y la crudeza del invierno no pudo vencer su fortaleza. Muchos se compadecían de él y algunos, sólo los más cercanos, sabían que el hombre sufría, profundamente, por la ausencia de uno de sus hijos.

Su hijo, el menor. El que se había ido del rancho llevándose el caballo más costoso, jóven y fuerte. El que, sin consideración por su padre, había pedido su parte de los bienes de la familia. El que, a pesar del trato amoroso recibido desde pequeño, había salido huyendo lejos, muy lejos, más allá del pueblo... a la ciudad.

Allí estaba la causa, el desvelo, la razón de la mirada triste de ese padre paciente, constante, que aún en medio de las inclemencias del tiempo esperaba ansioso el reencuentro con su hijo.

Cuando todo parecía perdido, cuando todos opinaban que la espera ya era una ridícula pérdida de tiempo y de dignidad, las voces que decían "ese necio, ya no vuelve!" debieron acallarse . Finalmente sucedió.

Una tarde, a inicio de la primavera, allá lejos por el camino de tierra, el padre divisó una figura tambaleante. Su corazón, de repente, latió de tal forma que sentía que el pecho se le iba a abrir de par en par. Supo, sin ninguna duda, que era su hijo, el esperado. Y comenzó a correr a su encuentro.

Corrió con tanto vigor y desesperación que perdió su boina por el camino, sin darse cuenta. Su blanca cabellera ahora relucía bajo los últimos rayos de sol de la tarde. Las lágrimas que brotaban a raudal dejaron borrosa su visión y le impidieron ver cuán sucio, harapiento y desnutrido se encontraba su hijo. Sus alpargatas limpias se encontraron frente a los pies descalzos del muchacho. Lo único que importaba era que él estaba de regreso, en casa.

Ambos, fundidos en un abrazo, lloraron ante la mirada conmovida de los paisanos y paisanas que se acercaron para la ocasión.

Finalmente, y después de muchos días de tristeza, el campo estalló en fiesta.

27 septiembre 2006

99 ovejas

Hace unos días me quedé pensando en la parábola de la oveja perdida. Aquella historia, entre otras, que Jesús contó a quienes le reprochaban el juntarse con la "chusma".

"¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas,
no deja las noventa y nueve en el desierto,
y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?" (Lucas 15:4)

Una oveja se pierde, el pastor va en su búsqueda, la encuentra, se llena de alegría, regresa y celebra con sus amigos el acontecimiento. La historia es hermosa, aunque contiene un detalle escalofriante. Considerando al desierto como un sitio inseguro y peligroso, no es el mejor lugar para un grupo tan grande de ovejas carentes de cuidado.

Pensando ahora en la iglesia como una comunidad de gente enviada, me pregunto ¿no será que por causa de la inercia, la levedad, el conformismo, el sectarismo, la apatía... nos estamos convirtiendo lenta e imperceptiblemente en 99 ovejas solitarias dejadas en el desierto?

La Palabra de Dios da testimonio de que el pastor sigue buscando la que se encuentra perdida.