09 febrero 2007

Mkhulu

"No nací con hambre de libertad, nací libre en todos los aspectos que me era dado conocer. Libre para correr por los campos cerca de la choza de mi madre, libre para nadar en el arroyo transparente que atravesaba mi aldea (...) Solo cuando empecé a comprender que mi libertad infantil era una ilusión, cuando descubrí, siendo joven, que mi libertad ya me había sido arrebatada, fue cuando empecé a añorarla."

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"Cuando salí de la cárcel ésa era mi misión: liberar tanto al oprimido como al opresor. Hay quien dice que ese objetivo ya ha sido alcanzado, pero sé que no es así. La verdad es que aún no somos libres; solo hemos logrado la libertad de ser libres, el derecho a no ser oprimidos. Ser libre no es simplemente desprenderse de las cadenas, sino vivir de un modo que respete y aumente la libertad de los demás."
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"He recorrido un largo camino hacia la libertad. He intentado no titubear. He dado pasos en falso en mi recorrido, pero he descubierto el gran secreto. Tras subir una colina, uno descubre que hay muchas más colinas detrás. Me he concedido aquí un momento de reposo, para lanzar una mirada hacia el glorioso panorama que me rodea, para volver la vista atrás hacia el trecho que he recorrido. Pero solo puedo descansar un instante, ya que la libertad trae consigo responsabilidades y no me atrevo a quedarme rezagado. Mi largo camino aún no ha terminado."

Mkhulu (abuelo) Nelson Mandela

04 febrero 2007

Mis cinco centavos

Tomo la posta que me dejó Jaaziel, aquí van unas cinco (menos mal que son cinco nada más :) cosas que no saben de mí. Este es mi meme:

1. Mi apellido: Ñanco, Ñamku o Ñanku, es el nombre -en lengua mapuzugum - de un águila venerada en la espiritualidad del pueblo mapuche. Mi papá había nacido en una comunidad indígena del sur argentino. Hay algunos longkos (caciques) entre mis antepasados... así que más respeto por favor, jejeje. (Ver link)

2. Estudié guitarra clásica durante 8 años, pero no insistan porque no ejerzo, jeje... también algo de mimo, teatro, artes varias. He hecho de todo un poco, casi casi como un artista de circo, o debería decir ¿un hijo de pastor? Ahhh, actué como "El brujito de Gulubú" cuando tenía 10 años (la anécdota menos vergonzosa de mi paso por la escuela primaria, se pueden imaginar las otras, ja!)

3. Con Lory, mi esposa, nos conocimos en Argentina, nos enamoramos en México, nos comprometimos en Estados Unidos y nos casamos en Puerto Rico. Un noviazgo, compromiso, y casamiento, prácticamente "aéreos"... Aunque vivimos acá en el Caribe, nos encanta el sur argentino, particularmente la zona de El Bolsón y Lago Puelo, entre Río Negro y Chubut.

4. Tuve un perro llamado 'Kaiser Pichichus' (traducido: el emperador de los perros :) Negro azabache, hermoso animal. Cuando me fui de casa a estudiar a Brasil me contaron que se puso como loco y se escapó para ir a buscarme. Si alguien lo ve, por favor, me avisa.

5. Casi me ahogo en el mar. Pero no fue aquí, sino en Mar del Plata y hace varios años. Me había ido con Christian, mi amigazo del alma, de vacaciones; ambos éramos solteros aún. El cuento corto: agua fría, ineptitud para nadar, un par de temerarios, muy a lo profundo. Nos sacaron los guardavidas. Anécdotas de juventud que sirven para entretener las reuniones familiares :)P

Hablando de aguas y mares, ¡que nadie se me enoje! pero voy a develar aquí el 'misterio' de mi negativa a volver a entrar a la playa de Mar del Plata. No fue la cuasi-ahogada, no, no. Vean esta secuencia de fotos satelitales de las playas en donde alguna vez me sumergí, y sabrán por qué a la última -Cabo Rojo- además de tenerla cerca... no la cambio por nada :)

Cualquiera que pase por esta isla, lea, y quiera contar sus "cinco centavos" está invitado a continuar la posta. Eso sí, avísen!

¿A quienes me gustaría invitar a que cuenten sus 'cinco cosas desconocidas', pero es imposible?

- A mi profesor de guitarra, el muy querido Juan María Melzi. El mismo que estuvo con Andrés Segovia y con tantos "grandes" de verdad. Está mayor y no es un hombre "electrónico". Quizás cuando vuelva a Buenos Aires y vaya a saludarlo como de costumbre, le pregunto :)

- A otro profesor, éste para nada admirado ni querido, el Dr. Scala. El que en plena clase de biología del secundario vociferó de las bondades del gobierno de Hitler y dijo que el führer jamás había matado siquiera a un solo judío. ¿Cuántas cosas habrá escondido tu corazón ario? Está muerto, hace tiempo que lo estaba.

Y tengo muchos otros y otras, pero el post ya está largo :)

23 enero 2007

Quiero aprender a lamentar

Traigo del blog en español de Ricardo Gondim esta reciente publicación. Quisiera que mis visitantes puedan leer acerca del cristianismo del que me siento parte, y deseo seguir. Si alguien puede saborear tanto lamento, entonces me sentiré acompañado...

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Quiero aprender a lamentar
por Ricardo Gondim

El profeta Ezequiel comió un libro repleto de lamentos, llantos y ayes. Después de llenar su estomago, afirmó: “Y yo me lo comí, y era tan dulce como la miel” (Ez. 3:3). ¿Cómo puede tal libro saber dulce en la boca de alguien? Es muy extraño saborear lamentos en una sociedad hedonista y obsesionada por el éxito. Pero, felices los que lloran y alivian el corazón de sus dolores; ellos consiguen ahogar sus coherencias con lágrimas; lloran sin la persecución de la lógica y no les importa la censura. Alguien dijo que el poeta sólo es poeta si sufre, también puede afirmarse: el profeta sólo es profeta cuando aprende a lamentar.

Abracé, por años, una fe discursiva, triunfalista y racional que me hizo olvidar el valor del lamento. Yo asociaba el llanto a la debilidad. Consideraba que el mensaje del evangelio transformaría a las personas en vencedores imbatibles y que nada podría sacudir a un creyente. Hasta que leí al teólogo judío, Abraham Joshua Heschel. Con él aprendí una nueva dimensión sobre la intimidad con Dios. Heschel afirmaba que los profetas no fueron meros portavoces de la voz divina, sino personas llamadas para comulgar con el pathos de Jehová – palabra griega que significa sentimiento. Para él, ser profeta representaba el privilegio de participar de las emociones divinas. Así que, cuando Jeremías, por ejemplo, llora y lamenta, las lágrimas no son suyas, sino las de Dios.

El apóstol Pablo también pensó en esa identidad profética al afirmar en Filipenses 1:29. “Porque a ustedes se les ha concedido no sólo creer en Cristo, sino también sufrir por él”.

Así que, quiero volverme íntimo de Dios, no sólo para celebrar su presencia en lo que hay de bonito y loable, sino también para aprender a lamentar con Él, los horrores de un mundo que no comprende su voluntad.

Quiero conocer el corazón de Dios para lamentar la suerte de África que viene siendo diezmada por el avance del sida. Sabré llorar la muerte innecesaria de millones de niños que se amontonan en campos de refugiados, expulsados por las guerras étnicas. Lamentaré el descanso de las naciones ricas, tan preocupadas consigo mismas. Sufriré porque ellas se comportan como Caín, que le respondió al Señor: “¿Soy yo responsable por mi hermano?”.

Quiero conocer el corazón de Dios para lamentar el drama de los pequeños países latinoamericanos sin recursos naturales y sin posibilidades para pagar sus deudas. Con los ojos llenos de lágrimas, recordaré que toda América Latina fue robada, explotada y usada por imperios que se llevaron de aquí oro, plata, cobre, hierro, madera y bananas. Lamentaré que no haya una justicia retributiva para que esos países sean indemnizados y no sufran tanto. Lloraré por la hemorragia de la riqueza latinoamericana que gasta todo lo que produce para pagar intereses extorsivos.

Quiero conocer el corazón de Dios para lamentar lo que sucede en mi patria. Lloraré por los ríos que se convirtieron en cloacas, por los bosques talados, por la saña del mercado y por las playas que perdieron su virginidad blanca, inundadas de basura. Sentiré mi corazón apuñalado cuando recuerde que Brasil se volvió una amenaza para la humanidad; una Amazonas desvastada representará, tal vez, el desequilibrio final y total del sistema ecológico global.

Quiero conocer mejor el corazón de Dios para llorar por la existencia de clínicas clandestinas de abortos, míseros cuartos donde travestis negocian barato el cuerpo, mendigos que duermen con sus familias bajo puentes, y favelas inmundas que se multiplican en las márgenes de los riachos fétidos. Deseo comprender lo que significó para Jesús afirmar: “Así también, el Padre de ustedes que está en el cielo no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños” (Mt. 18:14).

Quiero conocer mejor el corazón de Dios para lamentar la exportación de niños que servirán al sórdido mercado de la pedofilia. Quiero llorar al Brasil que se transformó en ruta de turismo sexual. ¿Conseguiré expresar mi tristeza porque mi país es conocido internacionalmente por su violencia, sensualidad, desnudez e irresponsabilidad? Hoy ya me siento constreñido por saber que los cónsules tratan a los brasileños como oportunistas que sólo desean emigrar a sus países como subempleados. Me avergüenza cuando observo brasileños llegando al aeropuerto, para luego verlos esposados, porque no fueron bienvenidos.

Quiero conocer mejor el corazón de Dios para lamentar que muchos sectores evangélicos de occidente se alinearon a una geopolítica norteamericana desastrosa. Lloraré porque han apoyado una guerra, y por hacer inviable el diálogo con el mundo islámico. Es lamentable que los musulmanes identifiquen a los cristianos como infieles sanguinarios y legitimadores de una doctrina bélica.

Quiero conocer mejor el corazón de Dios para poder lamentar la pérdida de la credibilidad de la iglesia. Es necesario que me duelan los fracasos morales que se suceden; el clero que despoja al pobre; los sermones que se volvieron irrelevantes y la fe que se transformó en mercadería. Cerca de Dios, sabré valorar la sangre de los mártires, de los misioneros y el esfuerzo de los teólogos. Diré que la fe no puede perderse en un mar de obviedades. ¡Quiero indignarme por los discursos vacíos, las promesas irreales y la banalizacion del milagro!

Anhelo ser tan íntimo de Dios como el profeta Isaías. Yo también diré que Dios odia las fiestas religiosas y las muchas oraciones hechas en su nombre sin que se busque la justicia, combata la opresión y defienda el derecho de la viuda y del huérfano. Se que hay tiempo para la celebración, pero hoy quiero aprender a lamentar.

Soli Deo Gloria.

16 enero 2007

El legado del Martin Luther King

De La Jornada

Nueva York, 15 de enero. "Sabía que nunca podría pronunciarme contra la violencia de los oprimidos en los ghettos sin primero haber hablado claramente ante el surtidor de violencia más grande en el mundo hoy día: mi propio gobierno", declaró el reverendo Martin Luther King Jr. hace casi 40 años en torno a la guerra en Vietnam, pero esas palabras no forman parte de ningún acto oficial hoy al celebrarse el día federal dedicado a esa figura.

(...) Más aún, el esfuerzo por anular parte del mensaje de disidencia King de la versión oficial revelan que sus palabras siguen vigentes 40 años después, en un país que está en medio de otra guerra. "Este negocio de quemar a seres humanos con napalm, de llenar los hogares de nuestro país con huérfanos y viudas, de inyectar la droga envenenada del odio a las venas de personas normalmente humanitarias, de enviar a casa a hombres minusválidos y sicológicamente trastornados que regresan de campos de batalla oscuros y sangrientos, eso no puede reconciliarse con la sabiduría, la justicia y el amor. Una nación que continúa, año tras año, gastando más en la defensa militar que en programas de asistencia social, se está aproximando a la muerte espiritual", declaró King en su famoso discurso el 4 de abril de 1967 en la iglesia Riverside en Nueva York.

(...) En su discurso en Nueva York, King denunció la guerra injusta contra los vietnamitas, pero también se refiere a los efectos que esto tiene contra los jóvenes estadunidenses enviados a esa guerra. Dijo que no sólo se estaba sujetando a estas tropas al "proceso brutalizador" de cualquier guerra, sino también que "estamos agregando el cinismo al proceso de muerte, ya que ellos (las tropas) se enterarán, en poco tiempo, que ninguna de las cosas en nombre de las cuales se dice que estamos luchando son parte de esto. No tarda para que entiendan que su gobierno los ha enviado a una lucha entre vietnamitas, y los más sofisticados seguramente se dan cuenta que estamos de lado de los ricos, los seguros, mientras creamos un infierno para los pobres".

Exigió: "de alguna manera esta locura tiene que detenerse. Debemos detenerla ahora". King convocó a la protesta, a todo tipo de acción contra la guerra. Condenó el silencio, incluso el suyo en los años anteriores, al declarar que era una traición. "No podemos mantenernos silenciosos mientras nuestra nación realiza una de las guerras más crueles y sin sentido de la historia".

No es sorprendente que Bush y otros políticos prefieran no recordar estas palabras, y que los grandes medios tampoco difundan este mensaje hoy. Ni siquiera la nueva presidenta de la Cámara baja ­y por lo tanto líder de la oposición política a la presidencia­ Nancy Pelosi, hizo alusión a estas palabras de King.

(...) ¿Podría ser que Reagan entendía que la forma más fácil para deshacerse de Martin Luther King Jr. era rendirle culto? Honrarlo con un día feriado que él nunca hubiese deseado para celebrar su natalicio y su muerte sin comprometernos con su visión o su amor. Es más fácil elogiar a un héroe muerto que reconocer y seguir a un profeta vivo.

Pero el creciente coro de denuncia, de protesta, y de oposición a la guerra en Irak está rodeando al presidente y otros políticos mientras escriben tarjetas a víctimas de las consecuencias de sus políticas. Unos cuantos políticos, líderes religiosos, opositores a la guerra y defensores de la historia del pueblo sí recordaron y buscaron hoy hacer rebotar los ecos de la condena moral y política del reverendo sobre la actual coyuntura. A pesar del gigantesco esfuerzo para impedirlo, la sonora voz de King y sus aliados aún rompen el silencio oficial por todo el país.

09 enero 2007

Puedes juntar las manos - Girondo

Tenía 16 años cuando descubrí la poesía de Oliverio Girondo. Y todo gracias a mi profesora de literatura de 4º año del secundario, que pensaba (pobre) que yo tenía algún talento para la composición.
Girondo, locura y genialidad. Gracias profe!, de aquellos días de estudiante, uno de mis mejores recuerdos.

Puedes juntar las manos

La gente dice:
Polvo,
Sideral,
Funerario,
y se queda tranquila,
contenta,
satisfecha.
Pero escucha ese grillo,
esa brizna de noche,
de vida enloquecida.
Ahora es cuando canta
Ahora
y no mañana
Precisamente ahora.
Aquí.
A nuestro lado...
como si no pudiera cantar en otra parte.
¿Comprendes?
Yo tampoco.
Yo no comprendo nada.
No tan sólo tus manos son un puro milagro.
Un traspiés,
un olvido,
y acaso fueras mosca,
lechuga,
cocodrilo.
Y después...
esa estrella.
No preguntes.
¡Misterio!
El silencio.
Tu pelo.
Y el fervor,
la aquiescencia
del universo entero,
para lograr tus poros,
esa ortiga,
esa piedra.

Puedes juntar las manos.
Amputarte las trenzas.
Yo daré mientras tanto tres vueltas de carnero.
Oliverio Girondo
(1891-1967)

Con las venas abiertas

Rescato algunos fragmentos del libro "Las Venas Abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano.

Se lo dedico a mis hermanos mapuche, guaraníes, zapotecos, mixtecos, otomíes, náhuatl, kayapó. A todos los que, con su existencia y su lucha, contradicen el "había una vez" de los libros de historia.

A los taínos, presos de una isla muy pequeña y de un mar demasiado grande para escapar del exterminio.

A Bartolomé de las Casas, porque hizo lo que pudo.

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En 1581, Felipe II había afirmado, ante la audiencia de Guadalajara, que ya un tercio de los indígenas de América había sido aniquilado, y que los que aún vivían se veían obligados a pagar tributos por los muertos. El monarca dijo, además, que los indios eran comprados y vendidos. Que dormían a la intemperie. Que las madres mataban a sus hijos para salvarlos del tormento en las minas. (...)
Según el marqués de Barinas, entre Lima y Paita, donde habían vivido más de dos millones de indios, no quedaban más que cuatro mil familias indígenas en 1685. El arzobispo Liñán y Cisneros negaba el aniquilamiento de los indios: «Es que se ocultan -decía- para no pagar tributos, abusando de la libertad de que gozan y que no tenían en la época de los incas».
Manaba sin cesar el metal de las vetas americanas, y de la corte española llegaban, también sin cesar, ordenanzas que otorgaban una protección de papel y una dignidad de tinta a los indígenas, cuyo trabajo extenuante sustentaba al reino. La ficción de la legalidad amparaba al indio; la explotación de la realidad lo desangraba. (...)
A fines del siglo XVIII, Concolorcorvo, por cuyas venas corría sangre indígena, renegaba así de los suyos: «No negamos que las minas consumen número considerable de indios, pero esto no procede del trabajo que tienen en las minas de plata y azogue, sino del libertinaje en que viven» (...)
No faltaban las justificaciones ideológicas. La sangría del Nuevo Mundo se convertía en un acto de caridad o una razón de fe. Junto con la culpa nació todo un sistema de coartadas para las conciencias culpables. Se transformaba a los indios en bestias de carga, porque resistían un peso mayor que el que soportaba el débil lomo de la llama, y de paso se comprobaba que, en efecto, los indios eran bestias de carga. Un virrey de México consideraba que no había mejor remedio que el trabajo en las minas para curar la «maldad natural» de los indígenas. Juan Ginés de Sepúlveda, el humanista, sostenía que los indios merecían el trato que recibían porque sus pecados e idolatrías constituían una ofensa contra Dios. El conde de Buffon afirmaba que no se registraba en los indios, animales frígidos y débiles, «ninguna actividad del alma». (...)
En el siglo XVIII, los indios, los sobrevivientes, aseguraban la vida cómoda de muchas generaciones por venir. Como los dioses vencidos persistían en sus memorias, no faltaban coartadas santas para el usufructo de su mano de obra por parte de los vencedores: los indios eran paganos, no merecían otra vida. ¿Tiempos pasados? Cuatrocientos veinte años después de la Bula del Papa Paulo III, en septiembre de 1957, la Corte Suprema de justicia del Paraguay emitió una circular comunicando a todos los jueces del país que «los indios son tan seres humanos como los otros habitantes de la república ... » Y el Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica de Asunción realizó posteriormente una encuesta reveladora en la capital y en el interior: de cada diez paraguayos, ocho creen que «los indios son como animales».
En Caaguazú, en el Alto Paraná y en el Chaco, los indios son cazados como fieras, vendidos a precios baratos y explotados en régimen de virtual esclavitud. Sin embargo, casi todos los paraguayos tienen sangre indígena, y el Paraguay no se cansa de componer canciones, poemas y discursos en homenaje al «alma guaraní». (...)
Los indios han padecido y padecen -síntesis del drama de toda América Latina- la maldición de su propia riqueza. (...)
Las matanzas de los indígenas que comenzaron con Colón nunca cesaron. En Uruguay y en la Patagonia argentina, los indios fueron exterminados, el siglo pasado, por tropas que los buscaron y los acorralaron en los bosques o en el desierto, con el fin de que no estorbaran el avance organizado de los latifundios ganaderos.

18 octubre 2006

El tren de la vida

por Leonardo Boff / Servicios Koinonia

Dejemos los escenarios sombríos sobre el futuro del Planeta y pasemos a historias que hablan del destino final de la vida.

Un tren corre veloz hacia su destino. Corta los campos como una flecha. Atraviesa las montañas. Pasa los ríos. Se desliza como un hilo en movimiento.

Dentro de él se despliega todo el drama humano. Gente de todo tipo. Gente que conversa. Gente que calla. Gente que trabaja en su ordenador. Gente de negocios, preocupada. Gente que contempla serenamente el paisaje. Gente que ha cometido crímenes. Gente que es buena gente. Gente que piensa mal de todo el mundo. Gente solar que se alegra con el mínimo de luz que encuentra en cada persona. Gente a la que le encanta viajar en tren. Gente que por razones ecológicas está contra el tren. Gente que se equivocó de tren. Gente que no se cuestiona; sabe que está en su rumbo y a qué hora llega a su ciudad. Gente ansiosa que corre a los primeros vagones con el afán de llegar antes que los demás. Gente estresada que quiere retrasar la llegada todo lo posible y se va a los últimos vagones. Y, absurdamente, gente que pretende huir del tren andando en dirección opuesta a la que lleva el tren.

Y el tren impasible sigue hacia su destino, trazado por los raíles. Lleva a todos despreocupadaamente. No rechaza a nadie. Sirve a todos y a todos proporciona un viaje que puede ser espléndido y feliz, garantizando dejar a cada cual en el punto de destino establecido en su ruta.

En este tren, como en la vida, todos viajamos gratuitamente. Una vez en movimiento, no hay como escapar, bajar o salir. Uno puede enfurecerse o alegrarse; no por ello el tren deja de correr hacia el destino prefijado y llevar a todos cortesmente.

La gracia de Dios —su misericordia, su bondad y su amor— es así, como un tren. El destino del viaje es Dios. El camino también es Dios, porque el camino no es otra cosa que el destino realizándose paso a paso, metro a metro.

La gracia carga a todos, a los que están a favor y a los están en contra. Negándolo, el tren no se modifica. Tampoco la gracia de Dios. Sólo el ser humano se modifica. Puede estropear su viaje, pero no puede dejar de estar dentro del tren.

Acoger el tren, hacerse amigo y compartir con los compañeros de destino es ya anticipar la fiesta de llegada. Viajar ya es estar llegando a casa. La gracia es «la gloria en el exilio, la gloria es la gracia en la propia tierra» como decían los antiguos teólogos.

Rechazar el tren, correr ilusoriamente en dirección contraria, no sirve para nada. El tren carga y lleva también a estos rebeldes con toda paciencia, porque Dios se da indistintamente a buenos y a malos, a justos y a injustos.

La vida, como la gracia, es generosa para con todos. De vez en cuando nos hace darnos cuenta de la realidad. En ese momento —y existe siempre el momento propicio para cada persona humana— el recalcitrante se da cuenta de que es llevado gentil y gratuitamente. De nada sirve su resistencia y su rechazo. Lo más razonable es escuchar la llamada de su naturaleza y dejarse seducir por la oportunidad de un viaje feliz.

Entonces se deshace el infierno interior e irrumpe gloriosamente el cielo, el rostro humanitario de Dios. Descubre la gratuidad del tren, de todas las cosas y la presencia de Dios. Hay un destino bueno para todos; para cada cual a su medida.

Y tú, lector y lectora, ¿cómo viajas?

24 de febrero de 2006

Oración al Dios No Conocido

Antes de continuar en mi camino
y lanzar mi vista al frente una vez más,
elevo, solo, mis manos a Tí en dirección de quién huyo.
A Tí, de las profundidades de mi corazón,
he dedicado altares festivos para que,
en cada momento, tu voz me pudiera llamar.
Sobre esos altares están grabadas a fuego estas palabras:
"Al Dios No Conocido"
Tuyo, soy yo, aunque al presente me encuentre asociado a los sacrílegos.
Tuyo, soy yo, no obstante los lazos que me empujan al abismo.
Aunque quiera huir, me siento forzado a servirte.
Yo quiero conocerte, desconocido.
Tú, que me penetras el alma y, cual torbellino, invades mi vida.
Tú, el incomprensible, pero mi prójimo,
quiero conocerte, quiero servirte sólo a Tí.

Friedrich Nietzsche
(Traducido del alemán por Leonardo Boff)

17 octubre 2006

Paráfrasis

Cada tarde al regresar de sus labores en el campo, este hombre se aseaba, se perfumaba y se ponía sus ropas "de salir". El ritual se repetía cada tarde. Caminaba por la cocina de su rancho, esperanzado, arrastraba la silla hasta la vereda y se sentaba. Mientras su mirada se perdía en el polvoriento camino que llevaba al pueblo, permanecía, esperando.

Era tal su determinación en quedarse allí, que muchas veces no cenaba, se conformaba con un par de mates que su hijo mayor le alcanzaba, de vez en cuando. Recién entrada la oscuridad de la noche, el triste hombre cabizbajo y agotado, se iba a dormir esperando el nuevo día que le devolvería renovada su esperanza.

Muchos lo tenían por una persona singular, un demente. Lo habían visto hablar a solas, como si intentara comunicarse con alguien ausente. En voz baja confesaba sus sueños, contaba largas historias y sonreía. Cada vez con mayor frecuencia sus ojos se ponían vidriosos, dejando escapar alguna lágrima.

Pasaron días, meses completos, su cabeza se llenó de canas y la crudeza del invierno no pudo vencer su fortaleza. Muchos se compadecían de él y algunos, sólo los más cercanos, sabían que el hombre sufría, profundamente, por la ausencia de uno de sus hijos.

Su hijo, el menor. El que se había ido del rancho llevándose el caballo más costoso, jóven y fuerte. El que, sin consideración por su padre, había pedido su parte de los bienes de la familia. El que, a pesar del trato amoroso recibido desde pequeño, había salido huyendo lejos, muy lejos, más allá del pueblo... a la ciudad.

Allí estaba la causa, el desvelo, la razón de la mirada triste de ese padre paciente, constante, que aún en medio de las inclemencias del tiempo esperaba ansioso el reencuentro con su hijo.

Cuando todo parecía perdido, cuando todos opinaban que la espera ya era una ridícula pérdida de tiempo y de dignidad, las voces que decían "ese necio, ya no vuelve!" debieron acallarse . Finalmente sucedió.

Una tarde, a inicio de la primavera, allá lejos por el camino de tierra, el padre divisó una figura tambaleante. Su corazón, de repente, latió de tal forma que sentía que el pecho se le iba a abrir de par en par. Supo, sin ninguna duda, que era su hijo, el esperado. Y comenzó a correr a su encuentro.

Corrió con tanto vigor y desesperación que perdió su boina por el camino, sin darse cuenta. Su blanca cabellera ahora relucía bajo los últimos rayos de sol de la tarde. Las lágrimas que brotaban a raudal dejaron borrosa su visión y le impidieron ver cuán sucio, harapiento y desnutrido se encontraba su hijo. Sus alpargatas limpias se encontraron frente a los pies descalzos del muchacho. Lo único que importaba era que él estaba de regreso, en casa.

Ambos, fundidos en un abrazo, lloraron ante la mirada conmovida de los paisanos y paisanas que se acercaron para la ocasión.

Finalmente, y después de muchos días de tristeza, el campo estalló en fiesta.

27 septiembre 2006

99 ovejas

Hace unos días me quedé pensando en la parábola de la oveja perdida. Aquella historia, entre otras, que Jesús contó a quienes le reprochaban el juntarse con la "chusma".

"¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas,
no deja las noventa y nueve en el desierto,
y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?" (Lucas 15:4)

Una oveja se pierde, el pastor va en su búsqueda, la encuentra, se llena de alegría, regresa y celebra con sus amigos el acontecimiento. La historia es hermosa, aunque contiene un detalle escalofriante. Considerando al desierto como un sitio inseguro y peligroso, no es el mejor lugar para un grupo tan grande de ovejas carentes de cuidado.

Pensando ahora en la iglesia como una comunidad de gente enviada, me pregunto ¿no será que por causa de la inercia, la levedad, el conformismo, el sectarismo, la apatía... nos estamos convirtiendo lenta e imperceptiblemente en 99 ovejas solitarias dejadas en el desierto?

La Palabra de Dios da testimonio de que el pastor sigue buscando la que se encuentra perdida.

Fe es nostalgia


"Fe es nostalgia. Es un nudo en la garganta. La fe es más un paso adelante que una posición, más un presentimiento que una certeza. La fe es espera. Ella está caminando en el tiempo y en el espacio. Por lo tanto, si alguien se acerca y me pide (lo que sucede con frecuencia) hablar sobre mi fe, es exactamente sobre esa jornada en el tiempo y el espacio que hablo. Los altos y bajos de las lágrimas, los sueños, los momentos particulares, las intuiciones. Hablo sobre la sensación ocasional que tengo de que la vida no es una secuencia de eventos que generan otros eventos al azar, como un golpe en el juego de billar hace que las bolas partan en diferentes direcciones, sino que la vida tiene un itinerario, así como en una novela aquellos eventos, de algún modo, nos llevan a algún lugar".

Extraído por Philip Yancey de Going on Faith de Frederick Buechner y citado en Alma Sobrevivente - Mundo Cristão - página 263. Tradujo Gabrindio :)

25 septiembre 2006

Fe también es duda

por Ricardo Gondim

“y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres" Juan 8:32

Vivo inquieto; reconozco mis dudas. Siento que las respuestas estereotipadas, y supuestamente hegemónicas de la religión, pierden su vigor dentro de mí. Ávido por saber, leo lo que se escribe sobre Dios, sobre la saga humana y sobre la estupidez de las lágrimas de los niños que mueren de forma aún más estúpida por el mundo. Mi labor personal y mi búsqueda frenética de entender los por qué reposan sobre algunos presupuestos.

  • Creo en la realidad trascendental tanto como en nuestra capacidad, divinamente inspirada, de sublevarnos contra las tragedias y de acoger la felicidad que nos sobrevienen indiscriminadamente. Considero que fuimos dotados de una valentía virtuosa para cuestionar y que podemos distinguir la verdad de la realidad. Acepto la tradición aristotélica de que la verdad es, muchas veces, un proceso de adecuación de nuestra razón a las cosas. Así, entiendo que necesitamos rebelarnos contra toda forma de dominación. Me repugna quienes osan negar la sed trascendental en la humanidad. Confío en el ideal libertario que mobiliza a los constructores de la historia.

  • Creo que no debo domesticarme atemorizado por el dogmatismo religioso que promuebe el estancamiento. No espero encontrarme, un día, petrificado por las conclusiones ajenas. Odio imaginar que, por temer lo nuevo, me convertiré en un fanático intransigente y arrogante.

  • Creo que no puedo aceptar la idea de ser un eslabón más en la larga sucesión de pensadores cristianos que empequeñecieron el conocimiento de Dios. La teología ya fue sometida como súbdita ideológica de los poderosos. De esta manera, rechazo esa teología ilusoria que se presta al mantenimiento de privilegios y al oscurecimiento de la razón.

  • Creo que necesito apartarme de la mentalidad de gueto de los evangélicos. Sin embargo, mi distanciamiento debe anhelar una mayor aproximación a la vida. Creo en la posibilidad de recuperar la pasión por la vida, transformar la existencia en una aventura cautivante y reconquistar los procesos que se perdieron por la inercia de las doctrinas ya hechas.

  • Creo que Dios quiere vernos desarrollando una fe impregnada de responsabilidad. Permanezco convencido que El desea ayudarnos a ser responsables, responder por nuestros actos y no huir de sus consecuencias. Estoy de acuerdo con el pensador existencialista Gabriel Marcel que afirmó: "El hombre libre es el que puede prometer y puede traicionar". Sigo convencido de que el pensamiento teológico nos debe mantener conscientes de que la transgresión de la ley es siempre posible, aún la no codificada, pero que nosotros mismos escojemos respetar.

  • Creo que no puedo cimentar mis convicciones únicamente sobre el sentido común. Rechazaré los bozales impuestos por la tradición y por el fundamentalismo carente de crítica. Quiero mantener viva dentro de mi la llama de la Reforma Protestante que se opuso al dogmatismo; reivindicaré la posibilidad de la duda. Quiero ser un protestante que no se aterroriza con la mentalidad analítica. Abdico de la religión infantilizadora.

  • Me siento cada vez más ajeno a aquellos que se contentan en repetir las conclusiones de los otros. Los reconozco como profetas patéticos; esforzados en impedir que usemos nuestra mente para evitar la alienación. Acepto los argumentos filosóficos de Maria Lucia Aranha de que el uso de la palabra alienación representa un peligro en todos los sentidos: "En el sentido jurídico, se pierde la posesión de un bien; para la psiquiatría, el alienado mental es aquel que pierde la dimensión de sí en la relación con los otros; por causa de la idolatría, se piede la autonomía; según la concepción de Rousseau, el pueblo no debe perder el poder; la persona alienada pierde la comprensión del mundo en el que vive y se vuelve ajena a segmentos importantes de la realidad en que se encuentra inserta".

  • Creo en mi vocación y elección cristianas, por lo tanto, no me adaptaré al inmovilismo reaccionario "hospedado en la comodidad de las verdades absolutas". Escucho en la revelación bíblica la invitación para seguir lo infinito, allá donde nunca se pierde el asombro. Por lo tanto, no evitaré maravillarme delante del Misterio, la única manera de ser libre.

  • Soli Deo Gloria.

    22 septiembre 2006

    Te estamos llamando, Señor

    "Te estamos llamando, Señor.

    Porque seis días trabajaste y al séptimo descansaste. Esa fue tu enseñanza: apartar un día para tu honra. Por eso, hoy, mujeres y hombres de este barrio dejamos nuestros trabajos y llegamos hasta esta casa para pedirte que te quedes con nosotros.

    Pero, en una esquina con semáforo, en (el barrio porteño de) Mataderos, hoy trabaja Cachito, un pibe de ocho años, con su esponja y baldecito limpiando vidrios de los autos.
    Por eso te imploramos, Señor, ¡míralo!

    A la salida de una enorme iglesia de (el barrio porteño de) Recoleta, trabaja Dorita, ella está en la escuela primaria, pero hoy vende estampitas a todos los que salen del templo.
    Por eso te rogamos, Señor, ¡cuídala!

    En una tierra lejana, aunque muy cerca de donde nació Jesús, tu Hijo, Mohamed el carpintero, llora y maldice mientras termina su trabajo: es una pequeña caja de madera. Hoy deberá entregar doce cajas más para enterrar a los chicos que mató el misil que cayó ayer en el pueblo.
    Por eso te pedimos, Señor, ¡consuélalo!

    Ya lo ves, llegamos con algún cansancio y el corazón herido.
    Porque pese a tantas maestras y maestros abnegados, a tanta enfermera y médico esforzado, a tantas madres y padres amorosos, todavía toleramos a esos que esclavizan, que humillan y que matan a nuestros niños.

    Por esta culpa vieja que arrastramos, por todo el desvelo que merecen nuestros pibes, por esta deuda que tenemos con la vida, te rogamos humildemente, casi avergonzados, no nos dejes solos, Señor.

    Ven a acompañarnos, necesitamos tu consuelo o tu juicio, pero no nos niegues tu presencia. ¡Con ansias esperamos tu Palabra y el vuelo de tu Santo Espíritu para que nos deje tu paz!

    Te invocamos, Señor. ¡Amén!"

    Hugo R. Tisera
    Red de Liturgia del Consejo Latinoamericano de Iglesias

    12 septiembre 2006

    Valor

    "El valor de las cosas no está en el tiempo que ellas duran, sino en la intensidad con la que suceden. Por eso existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables"

    Fernando Pessoa
    poeta portugués
    1888 - 1935

    07 septiembre 2006

    La bienaventuranza que aún no alcancé

    por Ricardo Gondim

    Mi padre falleció el día seis de diciembre de 2005. En su funeral, agradecí a Dios por su mayor legado en mi vida: dignidad.

    En la época del golpe militar de 1964, papá no claudicó y fue preso. Conducido a la base aérea de Galeão, permaneció incomunicado durante muchos meses. Sufrió tortura, humillación y aún después de ser juzgado y declarado inocente fue expulsado de las Fuerzas Armadas. Implacablemente patrullado por el régimen mi padre fue un ejemplo de firmeza.

    Delante de él percibí que existen virtudes que aún no alcancé. Reconozco que no encajo en la bienaventuranza de Mateo 5:10 "Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos".

    No me puedo incluir en esa promesa pues nunca hice ninguna vigilia solitaria en las veredas de los hospitales públicos que desprecian el derecho del pobre, nunca marché por los ancianos y nunca corrí riesgo alguno por niños abandonados; aún no me encadené a un árbol para no permitir que él sea cortado por la gula de la especulación inmobiliaria; aún no hice huelga de hambre por ninguna causa.

    No puedo reclamar ser incluido en este versículo del Sermon del Monte se para mí el tráfico internacional de prostitutas es apenas una noticia bizarra en el informativo de las 8 de la noche. Aún no organicé ninguna manifestación contra el avance de la pedofilia. ¿Cómo puedo considerarme bienaventurado si analizo los movimientos sociales con lentes ideológicos y no percibo en cada uno de aquellos manifestantes harapientos un ser humano carente de dignidad?

    Despues que enterré a mi padre medité sobre mi vocación, y ahora atino sobre por qué nunca me esposaron o persiguieron.

    Fui institucionalizado. El sistema me tragó. Toda mi vida acepté pasivamente que las banderas ideológicas fueran arriadas por el poder del capital. Ingenuamente no escuché cuando un pastor chino me advirtió, hace mas de veinte años, que ninguna ideología, partido político o sistema religioso consigue resistir al poder del capital. Así, con los brazos cruzados, dejé a mi generación capitular delante del consumismo materialista. Desde la platea asistí a la transformacion de muchas iglesias en mostradores de servicios religiosos y a muchos pastores convertirse en mercachifles de la Palabra de Dios.

    Jesús prometió a los perseguidos por causa de la justicia una gran recompensa en los cielos. No puedo esperar tal galardón. Mi vocación profética es simbólica, con poca densidad. Siempre encontré más fácil criticar que involucrarme. Me olvido que el movimiento desencadenado por Rosa Parks contra las leyes racistas del sur de Estados Unidos sólo progresó porque Martin Luther King no tuvo miedo de marchar por las calles de Alabama. El apartheid de Sudáfrica sólo fue desmantelado porque el obispo anglicano Desmond Tutu resolvió transformar sus sermones en acción política y el metodista Nelson Mandela pasó 30 años en la cárcel.

    Confieso. Aún no me veo digno de la felicidad de recibir el mismo galardon de los profetas. Pues ellos defendieron a los huérfanos y a la viudas, yo me contenté con predicar un mensaje desencarnado. Por años hablé del cielo para huir de las injusticias que me rodeaban. Erré, al prometer salvación como una forma de mitigar el sufrimiento impuesto a los pobres por gobiernos sin prioridades. Hablé, cuando no comprendí la advertencia de Santiago (1:27) "La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo".

    En el Sermón del Monte sólo una virtud es mencionada dos veces: justicia. Ella es tan prioritaria para Jesús que sólo entenderé completamente su valor cuando siga sus pasos rumbo al Calvario.

    Vala la pena recordar a personas en Brasil como Frei Betto, que tambien sufrió durante la dictadura. Enclaustrado y sin perspectiva de liberación, el notó que sus verdugos procuraban humillarlo aún más. Usando artilugios legales procuraron cambiar su condición de preso político para el de condenado común. En esa circunstancia ese fraile católico hizo una huelga de hambre como forma de resistencia. Después de varios días sin alimentación, debilitado y peligrosamente próximo a morir, sus familiares intentaron persuadirlo, pidiendo que se retracte: "Basta Betto, nuestra mayor dádiva es la vida" le dijeron. "No la arrojes por un detalle jurídico", insitieron. Resuelto, él respondió: "No, la mayor dádiva que recibí de Dios no fue la vida, y sí la dignidad". La bienaventuranza que genera dignidad nace del compromiso con la justicia, de la disposición de transformar valores en acción, y de la inconformidad con la cobardía.

    Se que aún tengo mucho que aprender y crecer, pero antes de hacer mi última travesía, espero ser incluido en esa felicidad que pertenece solamente a aquellos que pudieron repetir con Pablo (Hechos 20:24): "Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios".

    Soli Deo Gloria