31 enero 2007

La "culpa" del Dr. Spock

Hace tiempo recibí -varias veces y de distintas personas- un correo que que se titulaba "Dijimos que estaba bien". El correo reproducía, a modo de reflexión espiritual, la respuesta que Anne Graham -hija del famoso Billy Graham- dio en una entrevista ante la pregunta: "¿Cómo pudo Dios permitir que sucediera esto?", en referencia a los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.

Inicialmente pensé que era una broma, pero viendo que hay una multitud de blogs que se creyeron la respuesta, quiero detenerme sobre uno de los puntos. Hay jugo, mosto y zumo en cada una de las explicaciones que vienen con ese correo, aunque llamativamente Anne Graham no hace ninguna referencia a la responsabilidad política de su gobierno -y los anteriores- que alentaron y desencadenaron el trágico 11 de septiembre. Cuestiones de familia, supongo.

Voy al punto:

Luego el Dr. Benjamín Spock dijo que no debíamos pegarle a nuestros hijos cuando se portan mal porque sus pequeñas personalidades se truncarían y podríamos lastimar su autoestima. Dijimos que los expertos saben lo que están diciendo. Y dijimos que estaba bien. (Anne Graham)
Me interesó investigar que barbaridades habría hecho este hombre como para llegar a inculparlo de responsabilidad por lo del 11 de septiembre. Me encontré con varias sorpresas.
  • En primer lugar, creo que es bueno aclarar que el Dr. Spock no se suicidó -como dice una de las versiones del correo- sino que murió de causas naturales a los 94 años, el 15 de marzo de 1998. Tampoco uno de sus hijos se suicidó -como asegura, falsamente, otra de las versiones-.
  • El Dr. Benjamin Spock llegó a ser una celebridad por haber revolucionado la pediatría del siglo XX. Marcó un hito en la historia por ir en contra de la tradición pediátrica que recomendaba a los padres -entre otras cosas-: rigidez, disciplina a golpes, no abrazar, no besar, ni expresar cariño a los hijos.
  • Su famoso libro Tu hijo de 1946, traducido a 39 lenguas y uno de los libros más vendidos de la historia, rompió con el método tradicional y autoritario de crianza de los hijos. Cito textual al Dr. Spock:
"Los padres de buen corazón que no temen mostrar firmeza cuando sea necesario, pueden lograr buenos resultados con una firmeza moderada o una flexibilidad moderada. Por otra parte, tanto una firmeza producto de sentimientos duros, como una flexibilidad tímida o vacilante, pueden dar resultados pobres. Sabemos a ciencia cierta que es muchísimo más importante que trate a su hijo con cariño a que sepa cómo debe clavar el imperdible en un pañal, o la mejor manera de preparar un biberón".
"Los niños necesitan de sonrisas, buenas palabras, juegos y caricias. Debe usted comportarse con toda naturalidad, sin sentirse cohibida, y disfrutar la alegría de su hijito".
"La relación fundamental entre tú y tu hijo: que puedes hacer lo mejor por tu hijo desde el comienzo con una relación de amor y respeto mutuo".
"Respeta a los niños porque son seres humanos y se merecen nuestro respeto, y llegarán a ser personas mejores".
  • Un colega llegó a decir de él: "Fue la primera persona que habló de criar a los niños como potenciales adultos y de darles la condición de seres humanos, y no meramente sujetos de la voluntad de sus padres".
Además de médico famoso, Spock fue un pacifista reconocido:
  • Elegido vicepresidente del National Committee for a Sane Nuclear Policy participó en varias manifestaciones a favor del desarme nuclear. Lo cito textual:
"¿Qué valor tiene que pediatras como yo procuremos ayudar a los padres a criar niños sanos y felices, si van a morir en grandes cantidades por una causa ignominiosa?"
  • Se opuso terminantemente a la guerra de Vietnam, envió cartas de protesta a la Casa Blanca, participó de varias manifestaciones y fue arrestado por cruzar barricadas policiales.
  • También fue a parar a la cárcel por instigar la resistencia al servicio militar. Esta oración fue parte de su discurso sobre la guerra ante el jurado que lo condenó:
"es totalmente ilegal, inmoral, sin perspectiva y contraria a los intereses fundamentales de Estados Unidos"
  • En la década del '80, y con 80 años, continuó participando de manifestaciones en contra de las armas nucleares y los recortes en los programas de asistencia social. En esos días, ya acumulaba una docena de arrestos políticos.
  • Muchos ministros evangélicos, lejos de apoyar su campaña pacifista, lo criticaron públicamente desde sus púlpitos acusándolo de ser el "padre de la permisividad".
La historia y el pensamiento del Dr. Spock son fascinantes. No fue un ejemplo de padre -como bien señalan algunos biógrafos-, pero sin lugar a dudas ayudó a millones de personas a ser mejores padres. No gano la lucha en contra de la carrera armamentista, pero demostró que el compromiso con la paz no es en vano.

El ejemplo del Dr. Spock sigue despertando conciencias: no podemos amar a nuestros niños y aplaudir la guerra, el día de mañana pueden ellos estar en el campo de batalla... y nosotros ¿seguiremos aplaudiendo?

A contramano de aquel correo tendencioso deseo, desde este humilde espacio, reivindicar la honra que merece este gran pediatra y hombre de paz. ¡Gracias Dr. Spock!

* Más sobre Benjamin Spock (en inglés)

29 enero 2007

Vergüenza

Siempre digo que es una pena -entiéndase "castigo"- que Latinoamérica haya sido, y esté siendo, tan influenciada por lo peor del evangelicalismo fundamentalista americano.

Me explico. Basta con dar una mirada a la iglesia en los distintos países hispanos para darse cuenta de algunas características comunes, enfermedades compartidas.

1. Los creyentes son consumidores compulsivos de 'novedades'. El cantante de moda, el predicador de moda, la iglesia de moda, la 'unción' de moda, la profecía de moda, etc. De esta manera, todo es desechable, perecedero, superfluo y banal. Los creyentes se prostituyen con relaciones de una sola noche y nuestros templos se han convertido en un gran acopio de basura -siempre bienvenida cuando baja del Norte-.

2. Ser exitoso es una obligación y sinónimo de una gran espiritualidad. Hay 3 ó 4 gatos locos con iglesias multitudinarias que automáticamente se transforman en 'gurús', con tanta demanda de revelaciones nuevas, que terminan hablando estupideces.
Mientras tanto, los pastores de pequeñas comunidades sufren una presión increíble por parte de sus denominaciones, y del medio donde se mueven; son tildados de 'fracasados', 'poco espirituales', 'malos pastores'. Ya no importa que sean hombres honestos, sensibles a las necesidades de la gente, sencillos, buenos esposos y padres de familia; si no multiplican, si no se muestran invencibles, si no engrosan la cuenta bancaria de la iglesia, no sirven. Ya pocos cargan con nobleza el ser pastor -título que remite cuidado y cariño-. Cada vez aparecen más reverendos -¿dignos de qué reverencia?-, nuevos obispos -en iglesias que nunca tuvieron un gobierno sinodal-, apóstoles -propagadores de retorcidas doctrinas neopentecostales-, y profetas -dementes sin escrúpulos con interpretaciones escriturales personalísimas y escatológicas, en ambas acepciones de la palabra-.

3. Nuestras librerías cristianas están llenas de libros insípidos. Todo es "vendible", aun lo inútil. Es evidente que la teología de microondas ha tenido un efecto multiplicador impresionante en nuestro continente. Basta con dar una hojeada a algún libro de algún escritor famoso -casi siempre son gringos- para darse uno cuenta que el contenido es insustancial a nuestro realidad, a nuestro contexto. Hay ciertos consejos que pueden ser de alguna utilidad a la clase media americana, pero no dicen nada al subempleado de Argentina, a quien tiene que juntar cartones en la calle para dar de comer a su familia. Uno llega a la triste conclusión que "los 7 pasos para ser feliz", "los 5 escalones para un matrimonio exitoso", "la mejor vida ahora", es pura mentira barata y comercial.
Lo que los lectores del Tercer Mundo no saben, es que mientras ellos gastan su poco dinero en algún libro que supuestamente le va a enseñar algo provechoso para su vida, escrito por alguien más 'espiritual' que el común de la gente; del otro lado del mundo, el autor goza de un pasar 5 estrellas, un estilo de vida desenfrenado por la fama y totalmente despreocupado por querer cambiar realmente la realidad de las personas que leen lo escrito de su puño y letra.

4. Un pensamiento crítico ausente. Esta 'sedación' que hemos venido sufriendo desde hace décadas ha desembocado en algo que, particularmente, me causa mucha preocupación. Los creyentes, acostumbrados al amedrentamiento, no se animan a pensar, a cuestionar, a debatir. Hay una gula impresionante por todo lo que está servido "en bandeja", pero se manifiesta un raquitismo crónico cuando se insta a las personas a pensar y decidir por ellos mismos.
Hace pocas semanas estaba dando un taller en la iglesia, y estábamos hablando de la 'paradoja' de Jonás, -le llamo paradoja porque su historia contradice la común creencia que Dios preparó de antemano el futuro, que Dios no cambia de parecer, y su historia además tira por tierra el extremo sionismo y la islamofobia que sufre la iglesia actualmente-. Una chica, estudiante universitaria, hija de pastor, me hizo el siguiente comentario: "Yo me hago muchas preguntas, porque cuando leo las Escrituras e investigo, me doy cuenta que la historia no es como me la contaron, ¿será que estoy mal? ¿será que estoy pecando por cuestionar a Dios? ". ¡Yo tenía ganas de aplaudirle!, una persona -entre 40- que se atreve a compartir sus cuestionamientos, sus dudas, que se permite pensar: es un especímen raro -y valiosísimo- en nuestro medio.

5. Los líderes más aplaudidos son los mentores de hojarasca. La iglesia evangélica en esta parte del mundo está tan influenciada, tan cercana, y lamentablemente tan relacionada con el fanatismo religioso americano que el ser evangélico hoy aquí, es sinónimo de: intransigente, fundamentalista, asesino, homofóbico, invasor, inescrupuloso, indolente, usurero, etc, etc, etc.
Comparo a estos personajes con la imagen que siempre tuvimos en Argentina de Roberto Gomez Bolaños, el creador de "El Chavo del 8" -mi serie infantil favorita, hasta el día de hoy-. Siempre relacionamos y quisimos a don Roberto por su personaje más famoso, el Chavo. Sólo los que quisimos conocer un poco más de la historia del programa -en mi caso viví en México- nos llegamos a enterar del "tras bastidores": los escándalos entre los actores, las luchas de poder, las idas y venidas de hombres y mujeres con mucho dinero puesto en juego. Así y todo, el programa de mayor audiencia en toda Latinoamérica por muchos años.

Es lamentable que en América Latina no se conozcan los detalles de los escándalos financieros de Benny Hinn, de los escándalos políticos de John Hagee, del escandaloso negocio con dictadores africanos para extraer diamantes de las minas de Pat Robertson, del escándalo de las aventuras extramaritales de "haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago" Paul Crouch, de la escandalosa manera de pedir dinero a cambio de ficticias bendiciones de Rod Parsley, del escándalo del doble discurso de Jerry Falwell que ataca a todo el que no piense de forma irracional como él, pero que se le desaparece el discernimiento al momento de recibir un generoso salvavidas económico por parte de Sun Myung Moon -el líder de la secta Moon-.
He nombrado a pocas personas, y de cada una de ellas he mencionado sólo un motivo de vergüenza y deshonra, aseguro que el prontuario de estos señores es mucho más extenso. Lamentablemente, la lista de los que usufructuan de la fe desinformada de millones de personas es extensísima. Quiero reservar mi energía mental para cosas más productivas, vivificantes, porque esta gente huele a podrido.

La realidad del movimiento evangélico duele, y da vergüenza. Siento la necesidad de abrir bien los ojos, y de ayudar a otros a hacer lo mismo.

Happiness :(

23 enero 2007

Quiero aprender a lamentar

Traigo del blog en español de Ricardo Gondim esta reciente publicación. Quisiera que mis visitantes puedan leer acerca del cristianismo del que me siento parte, y deseo seguir. Si alguien puede saborear tanto lamento, entonces me sentiré acompañado...

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Quiero aprender a lamentar
por Ricardo Gondim

El profeta Ezequiel comió un libro repleto de lamentos, llantos y ayes. Después de llenar su estomago, afirmó: “Y yo me lo comí, y era tan dulce como la miel” (Ez. 3:3). ¿Cómo puede tal libro saber dulce en la boca de alguien? Es muy extraño saborear lamentos en una sociedad hedonista y obsesionada por el éxito. Pero, felices los que lloran y alivian el corazón de sus dolores; ellos consiguen ahogar sus coherencias con lágrimas; lloran sin la persecución de la lógica y no les importa la censura. Alguien dijo que el poeta sólo es poeta si sufre, también puede afirmarse: el profeta sólo es profeta cuando aprende a lamentar.

Abracé, por años, una fe discursiva, triunfalista y racional que me hizo olvidar el valor del lamento. Yo asociaba el llanto a la debilidad. Consideraba que el mensaje del evangelio transformaría a las personas en vencedores imbatibles y que nada podría sacudir a un creyente. Hasta que leí al teólogo judío, Abraham Joshua Heschel. Con él aprendí una nueva dimensión sobre la intimidad con Dios. Heschel afirmaba que los profetas no fueron meros portavoces de la voz divina, sino personas llamadas para comulgar con el pathos de Jehová – palabra griega que significa sentimiento. Para él, ser profeta representaba el privilegio de participar de las emociones divinas. Así que, cuando Jeremías, por ejemplo, llora y lamenta, las lágrimas no son suyas, sino las de Dios.

El apóstol Pablo también pensó en esa identidad profética al afirmar en Filipenses 1:29. “Porque a ustedes se les ha concedido no sólo creer en Cristo, sino también sufrir por él”.

Así que, quiero volverme íntimo de Dios, no sólo para celebrar su presencia en lo que hay de bonito y loable, sino también para aprender a lamentar con Él, los horrores de un mundo que no comprende su voluntad.

Quiero conocer el corazón de Dios para lamentar la suerte de África que viene siendo diezmada por el avance del sida. Sabré llorar la muerte innecesaria de millones de niños que se amontonan en campos de refugiados, expulsados por las guerras étnicas. Lamentaré el descanso de las naciones ricas, tan preocupadas consigo mismas. Sufriré porque ellas se comportan como Caín, que le respondió al Señor: “¿Soy yo responsable por mi hermano?”.

Quiero conocer el corazón de Dios para lamentar el drama de los pequeños países latinoamericanos sin recursos naturales y sin posibilidades para pagar sus deudas. Con los ojos llenos de lágrimas, recordaré que toda América Latina fue robada, explotada y usada por imperios que se llevaron de aquí oro, plata, cobre, hierro, madera y bananas. Lamentaré que no haya una justicia retributiva para que esos países sean indemnizados y no sufran tanto. Lloraré por la hemorragia de la riqueza latinoamericana que gasta todo lo que produce para pagar intereses extorsivos.

Quiero conocer el corazón de Dios para lamentar lo que sucede en mi patria. Lloraré por los ríos que se convirtieron en cloacas, por los bosques talados, por la saña del mercado y por las playas que perdieron su virginidad blanca, inundadas de basura. Sentiré mi corazón apuñalado cuando recuerde que Brasil se volvió una amenaza para la humanidad; una Amazonas desvastada representará, tal vez, el desequilibrio final y total del sistema ecológico global.

Quiero conocer mejor el corazón de Dios para llorar por la existencia de clínicas clandestinas de abortos, míseros cuartos donde travestis negocian barato el cuerpo, mendigos que duermen con sus familias bajo puentes, y favelas inmundas que se multiplican en las márgenes de los riachos fétidos. Deseo comprender lo que significó para Jesús afirmar: “Así también, el Padre de ustedes que está en el cielo no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños” (Mt. 18:14).

Quiero conocer mejor el corazón de Dios para lamentar la exportación de niños que servirán al sórdido mercado de la pedofilia. Quiero llorar al Brasil que se transformó en ruta de turismo sexual. ¿Conseguiré expresar mi tristeza porque mi país es conocido internacionalmente por su violencia, sensualidad, desnudez e irresponsabilidad? Hoy ya me siento constreñido por saber que los cónsules tratan a los brasileños como oportunistas que sólo desean emigrar a sus países como subempleados. Me avergüenza cuando observo brasileños llegando al aeropuerto, para luego verlos esposados, porque no fueron bienvenidos.

Quiero conocer mejor el corazón de Dios para lamentar que muchos sectores evangélicos de occidente se alinearon a una geopolítica norteamericana desastrosa. Lloraré porque han apoyado una guerra, y por hacer inviable el diálogo con el mundo islámico. Es lamentable que los musulmanes identifiquen a los cristianos como infieles sanguinarios y legitimadores de una doctrina bélica.

Quiero conocer mejor el corazón de Dios para poder lamentar la pérdida de la credibilidad de la iglesia. Es necesario que me duelan los fracasos morales que se suceden; el clero que despoja al pobre; los sermones que se volvieron irrelevantes y la fe que se transformó en mercadería. Cerca de Dios, sabré valorar la sangre de los mártires, de los misioneros y el esfuerzo de los teólogos. Diré que la fe no puede perderse en un mar de obviedades. ¡Quiero indignarme por los discursos vacíos, las promesas irreales y la banalizacion del milagro!

Anhelo ser tan íntimo de Dios como el profeta Isaías. Yo también diré que Dios odia las fiestas religiosas y las muchas oraciones hechas en su nombre sin que se busque la justicia, combata la opresión y defienda el derecho de la viuda y del huérfano. Se que hay tiempo para la celebración, pero hoy quiero aprender a lamentar.

Soli Deo Gloria.

16 enero 2007

El legado del Martin Luther King

De La Jornada

Nueva York, 15 de enero. "Sabía que nunca podría pronunciarme contra la violencia de los oprimidos en los ghettos sin primero haber hablado claramente ante el surtidor de violencia más grande en el mundo hoy día: mi propio gobierno", declaró el reverendo Martin Luther King Jr. hace casi 40 años en torno a la guerra en Vietnam, pero esas palabras no forman parte de ningún acto oficial hoy al celebrarse el día federal dedicado a esa figura.

(...) Más aún, el esfuerzo por anular parte del mensaje de disidencia King de la versión oficial revelan que sus palabras siguen vigentes 40 años después, en un país que está en medio de otra guerra. "Este negocio de quemar a seres humanos con napalm, de llenar los hogares de nuestro país con huérfanos y viudas, de inyectar la droga envenenada del odio a las venas de personas normalmente humanitarias, de enviar a casa a hombres minusválidos y sicológicamente trastornados que regresan de campos de batalla oscuros y sangrientos, eso no puede reconciliarse con la sabiduría, la justicia y el amor. Una nación que continúa, año tras año, gastando más en la defensa militar que en programas de asistencia social, se está aproximando a la muerte espiritual", declaró King en su famoso discurso el 4 de abril de 1967 en la iglesia Riverside en Nueva York.

(...) En su discurso en Nueva York, King denunció la guerra injusta contra los vietnamitas, pero también se refiere a los efectos que esto tiene contra los jóvenes estadunidenses enviados a esa guerra. Dijo que no sólo se estaba sujetando a estas tropas al "proceso brutalizador" de cualquier guerra, sino también que "estamos agregando el cinismo al proceso de muerte, ya que ellos (las tropas) se enterarán, en poco tiempo, que ninguna de las cosas en nombre de las cuales se dice que estamos luchando son parte de esto. No tarda para que entiendan que su gobierno los ha enviado a una lucha entre vietnamitas, y los más sofisticados seguramente se dan cuenta que estamos de lado de los ricos, los seguros, mientras creamos un infierno para los pobres".

Exigió: "de alguna manera esta locura tiene que detenerse. Debemos detenerla ahora". King convocó a la protesta, a todo tipo de acción contra la guerra. Condenó el silencio, incluso el suyo en los años anteriores, al declarar que era una traición. "No podemos mantenernos silenciosos mientras nuestra nación realiza una de las guerras más crueles y sin sentido de la historia".

No es sorprendente que Bush y otros políticos prefieran no recordar estas palabras, y que los grandes medios tampoco difundan este mensaje hoy. Ni siquiera la nueva presidenta de la Cámara baja ­y por lo tanto líder de la oposición política a la presidencia­ Nancy Pelosi, hizo alusión a estas palabras de King.

(...) ¿Podría ser que Reagan entendía que la forma más fácil para deshacerse de Martin Luther King Jr. era rendirle culto? Honrarlo con un día feriado que él nunca hubiese deseado para celebrar su natalicio y su muerte sin comprometernos con su visión o su amor. Es más fácil elogiar a un héroe muerto que reconocer y seguir a un profeta vivo.

Pero el creciente coro de denuncia, de protesta, y de oposición a la guerra en Irak está rodeando al presidente y otros políticos mientras escriben tarjetas a víctimas de las consecuencias de sus políticas. Unos cuantos políticos, líderes religiosos, opositores a la guerra y defensores de la historia del pueblo sí recordaron y buscaron hoy hacer rebotar los ecos de la condena moral y política del reverendo sobre la actual coyuntura. A pesar del gigantesco esfuerzo para impedirlo, la sonora voz de King y sus aliados aún rompen el silencio oficial por todo el país.

09 enero 2007

Puedes juntar las manos - Girondo

Tenía 16 años cuando descubrí la poesía de Oliverio Girondo. Y todo gracias a mi profesora de literatura de 4º año del secundario, que pensaba (pobre) que yo tenía algún talento para la composición.
Girondo, locura y genialidad. Gracias profe!, de aquellos días de estudiante, uno de mis mejores recuerdos.

Puedes juntar las manos

La gente dice:
Polvo,
Sideral,
Funerario,
y se queda tranquila,
contenta,
satisfecha.
Pero escucha ese grillo,
esa brizna de noche,
de vida enloquecida.
Ahora es cuando canta
Ahora
y no mañana
Precisamente ahora.
Aquí.
A nuestro lado...
como si no pudiera cantar en otra parte.
¿Comprendes?
Yo tampoco.
Yo no comprendo nada.
No tan sólo tus manos son un puro milagro.
Un traspiés,
un olvido,
y acaso fueras mosca,
lechuga,
cocodrilo.
Y después...
esa estrella.
No preguntes.
¡Misterio!
El silencio.
Tu pelo.
Y el fervor,
la aquiescencia
del universo entero,
para lograr tus poros,
esa ortiga,
esa piedra.

Puedes juntar las manos.
Amputarte las trenzas.
Yo daré mientras tanto tres vueltas de carnero.
Oliverio Girondo
(1891-1967)

Con las venas abiertas

Rescato algunos fragmentos del libro "Las Venas Abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano.

Se lo dedico a mis hermanos mapuche, guaraníes, zapotecos, mixtecos, otomíes, náhuatl, kayapó. A todos los que, con su existencia y su lucha, contradicen el "había una vez" de los libros de historia.

A los taínos, presos de una isla muy pequeña y de un mar demasiado grande para escapar del exterminio.

A Bartolomé de las Casas, porque hizo lo que pudo.

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En 1581, Felipe II había afirmado, ante la audiencia de Guadalajara, que ya un tercio de los indígenas de América había sido aniquilado, y que los que aún vivían se veían obligados a pagar tributos por los muertos. El monarca dijo, además, que los indios eran comprados y vendidos. Que dormían a la intemperie. Que las madres mataban a sus hijos para salvarlos del tormento en las minas. (...)
Según el marqués de Barinas, entre Lima y Paita, donde habían vivido más de dos millones de indios, no quedaban más que cuatro mil familias indígenas en 1685. El arzobispo Liñán y Cisneros negaba el aniquilamiento de los indios: «Es que se ocultan -decía- para no pagar tributos, abusando de la libertad de que gozan y que no tenían en la época de los incas».
Manaba sin cesar el metal de las vetas americanas, y de la corte española llegaban, también sin cesar, ordenanzas que otorgaban una protección de papel y una dignidad de tinta a los indígenas, cuyo trabajo extenuante sustentaba al reino. La ficción de la legalidad amparaba al indio; la explotación de la realidad lo desangraba. (...)
A fines del siglo XVIII, Concolorcorvo, por cuyas venas corría sangre indígena, renegaba así de los suyos: «No negamos que las minas consumen número considerable de indios, pero esto no procede del trabajo que tienen en las minas de plata y azogue, sino del libertinaje en que viven» (...)
No faltaban las justificaciones ideológicas. La sangría del Nuevo Mundo se convertía en un acto de caridad o una razón de fe. Junto con la culpa nació todo un sistema de coartadas para las conciencias culpables. Se transformaba a los indios en bestias de carga, porque resistían un peso mayor que el que soportaba el débil lomo de la llama, y de paso se comprobaba que, en efecto, los indios eran bestias de carga. Un virrey de México consideraba que no había mejor remedio que el trabajo en las minas para curar la «maldad natural» de los indígenas. Juan Ginés de Sepúlveda, el humanista, sostenía que los indios merecían el trato que recibían porque sus pecados e idolatrías constituían una ofensa contra Dios. El conde de Buffon afirmaba que no se registraba en los indios, animales frígidos y débiles, «ninguna actividad del alma». (...)
En el siglo XVIII, los indios, los sobrevivientes, aseguraban la vida cómoda de muchas generaciones por venir. Como los dioses vencidos persistían en sus memorias, no faltaban coartadas santas para el usufructo de su mano de obra por parte de los vencedores: los indios eran paganos, no merecían otra vida. ¿Tiempos pasados? Cuatrocientos veinte años después de la Bula del Papa Paulo III, en septiembre de 1957, la Corte Suprema de justicia del Paraguay emitió una circular comunicando a todos los jueces del país que «los indios son tan seres humanos como los otros habitantes de la república ... » Y el Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica de Asunción realizó posteriormente una encuesta reveladora en la capital y en el interior: de cada diez paraguayos, ocho creen que «los indios son como animales».
En Caaguazú, en el Alto Paraná y en el Chaco, los indios son cazados como fieras, vendidos a precios baratos y explotados en régimen de virtual esclavitud. Sin embargo, casi todos los paraguayos tienen sangre indígena, y el Paraguay no se cansa de componer canciones, poemas y discursos en homenaje al «alma guaraní». (...)
Los indios han padecido y padecen -síntesis del drama de toda América Latina- la maldición de su propia riqueza. (...)
Las matanzas de los indígenas que comenzaron con Colón nunca cesaron. En Uruguay y en la Patagonia argentina, los indios fueron exterminados, el siglo pasado, por tropas que los buscaron y los acorralaron en los bosques o en el desierto, con el fin de que no estorbaran el avance organizado de los latifundios ganaderos.