18 octubre 2006

El tren de la vida

por Leonardo Boff / Servicios Koinonia

Dejemos los escenarios sombríos sobre el futuro del Planeta y pasemos a historias que hablan del destino final de la vida.

Un tren corre veloz hacia su destino. Corta los campos como una flecha. Atraviesa las montañas. Pasa los ríos. Se desliza como un hilo en movimiento.

Dentro de él se despliega todo el drama humano. Gente de todo tipo. Gente que conversa. Gente que calla. Gente que trabaja en su ordenador. Gente de negocios, preocupada. Gente que contempla serenamente el paisaje. Gente que ha cometido crímenes. Gente que es buena gente. Gente que piensa mal de todo el mundo. Gente solar que se alegra con el mínimo de luz que encuentra en cada persona. Gente a la que le encanta viajar en tren. Gente que por razones ecológicas está contra el tren. Gente que se equivocó de tren. Gente que no se cuestiona; sabe que está en su rumbo y a qué hora llega a su ciudad. Gente ansiosa que corre a los primeros vagones con el afán de llegar antes que los demás. Gente estresada que quiere retrasar la llegada todo lo posible y se va a los últimos vagones. Y, absurdamente, gente que pretende huir del tren andando en dirección opuesta a la que lleva el tren.

Y el tren impasible sigue hacia su destino, trazado por los raíles. Lleva a todos despreocupadaamente. No rechaza a nadie. Sirve a todos y a todos proporciona un viaje que puede ser espléndido y feliz, garantizando dejar a cada cual en el punto de destino establecido en su ruta.

En este tren, como en la vida, todos viajamos gratuitamente. Una vez en movimiento, no hay como escapar, bajar o salir. Uno puede enfurecerse o alegrarse; no por ello el tren deja de correr hacia el destino prefijado y llevar a todos cortesmente.

La gracia de Dios —su misericordia, su bondad y su amor— es así, como un tren. El destino del viaje es Dios. El camino también es Dios, porque el camino no es otra cosa que el destino realizándose paso a paso, metro a metro.

La gracia carga a todos, a los que están a favor y a los están en contra. Negándolo, el tren no se modifica. Tampoco la gracia de Dios. Sólo el ser humano se modifica. Puede estropear su viaje, pero no puede dejar de estar dentro del tren.

Acoger el tren, hacerse amigo y compartir con los compañeros de destino es ya anticipar la fiesta de llegada. Viajar ya es estar llegando a casa. La gracia es «la gloria en el exilio, la gloria es la gracia en la propia tierra» como decían los antiguos teólogos.

Rechazar el tren, correr ilusoriamente en dirección contraria, no sirve para nada. El tren carga y lleva también a estos rebeldes con toda paciencia, porque Dios se da indistintamente a buenos y a malos, a justos y a injustos.

La vida, como la gracia, es generosa para con todos. De vez en cuando nos hace darnos cuenta de la realidad. En ese momento —y existe siempre el momento propicio para cada persona humana— el recalcitrante se da cuenta de que es llevado gentil y gratuitamente. De nada sirve su resistencia y su rechazo. Lo más razonable es escuchar la llamada de su naturaleza y dejarse seducir por la oportunidad de un viaje feliz.

Entonces se deshace el infierno interior e irrumpe gloriosamente el cielo, el rostro humanitario de Dios. Descubre la gratuidad del tren, de todas las cosas y la presencia de Dios. Hay un destino bueno para todos; para cada cual a su medida.

Y tú, lector y lectora, ¿cómo viajas?

24 de febrero de 2006

Oración al Dios No Conocido

Antes de continuar en mi camino
y lanzar mi vista al frente una vez más,
elevo, solo, mis manos a Tí en dirección de quién huyo.
A Tí, de las profundidades de mi corazón,
he dedicado altares festivos para que,
en cada momento, tu voz me pudiera llamar.
Sobre esos altares están grabadas a fuego estas palabras:
"Al Dios No Conocido"
Tuyo, soy yo, aunque al presente me encuentre asociado a los sacrílegos.
Tuyo, soy yo, no obstante los lazos que me empujan al abismo.
Aunque quiera huir, me siento forzado a servirte.
Yo quiero conocerte, desconocido.
Tú, que me penetras el alma y, cual torbellino, invades mi vida.
Tú, el incomprensible, pero mi prójimo,
quiero conocerte, quiero servirte sólo a Tí.

Friedrich Nietzsche
(Traducido del alemán por Leonardo Boff)

17 octubre 2006

Paráfrasis

Cada tarde al regresar de sus labores en el campo, este hombre se aseaba, se perfumaba y se ponía sus ropas "de salir". El ritual se repetía cada tarde. Caminaba por la cocina de su rancho, esperanzado, arrastraba la silla hasta la vereda y se sentaba. Mientras su mirada se perdía en el polvoriento camino que llevaba al pueblo, permanecía, esperando.

Era tal su determinación en quedarse allí, que muchas veces no cenaba, se conformaba con un par de mates que su hijo mayor le alcanzaba, de vez en cuando. Recién entrada la oscuridad de la noche, el triste hombre cabizbajo y agotado, se iba a dormir esperando el nuevo día que le devolvería renovada su esperanza.

Muchos lo tenían por una persona singular, un demente. Lo habían visto hablar a solas, como si intentara comunicarse con alguien ausente. En voz baja confesaba sus sueños, contaba largas historias y sonreía. Cada vez con mayor frecuencia sus ojos se ponían vidriosos, dejando escapar alguna lágrima.

Pasaron días, meses completos, su cabeza se llenó de canas y la crudeza del invierno no pudo vencer su fortaleza. Muchos se compadecían de él y algunos, sólo los más cercanos, sabían que el hombre sufría, profundamente, por la ausencia de uno de sus hijos.

Su hijo, el menor. El que se había ido del rancho llevándose el caballo más costoso, jóven y fuerte. El que, sin consideración por su padre, había pedido su parte de los bienes de la familia. El que, a pesar del trato amoroso recibido desde pequeño, había salido huyendo lejos, muy lejos, más allá del pueblo... a la ciudad.

Allí estaba la causa, el desvelo, la razón de la mirada triste de ese padre paciente, constante, que aún en medio de las inclemencias del tiempo esperaba ansioso el reencuentro con su hijo.

Cuando todo parecía perdido, cuando todos opinaban que la espera ya era una ridícula pérdida de tiempo y de dignidad, las voces que decían "ese necio, ya no vuelve!" debieron acallarse . Finalmente sucedió.

Una tarde, a inicio de la primavera, allá lejos por el camino de tierra, el padre divisó una figura tambaleante. Su corazón, de repente, latió de tal forma que sentía que el pecho se le iba a abrir de par en par. Supo, sin ninguna duda, que era su hijo, el esperado. Y comenzó a correr a su encuentro.

Corrió con tanto vigor y desesperación que perdió su boina por el camino, sin darse cuenta. Su blanca cabellera ahora relucía bajo los últimos rayos de sol de la tarde. Las lágrimas que brotaban a raudal dejaron borrosa su visión y le impidieron ver cuán sucio, harapiento y desnutrido se encontraba su hijo. Sus alpargatas limpias se encontraron frente a los pies descalzos del muchacho. Lo único que importaba era que él estaba de regreso, en casa.

Ambos, fundidos en un abrazo, lloraron ante la mirada conmovida de los paisanos y paisanas que se acercaron para la ocasión.

Finalmente, y después de muchos días de tristeza, el campo estalló en fiesta.

27 septiembre 2006

99 ovejas

Hace unos días me quedé pensando en la parábola de la oveja perdida. Aquella historia, entre otras, que Jesús contó a quienes le reprochaban el juntarse con la "chusma".

"¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas,
no deja las noventa y nueve en el desierto,
y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?" (Lucas 15:4)

Una oveja se pierde, el pastor va en su búsqueda, la encuentra, se llena de alegría, regresa y celebra con sus amigos el acontecimiento. La historia es hermosa, aunque contiene un detalle escalofriante. Considerando al desierto como un sitio inseguro y peligroso, no es el mejor lugar para un grupo tan grande de ovejas carentes de cuidado.

Pensando ahora en la iglesia como una comunidad de gente enviada, me pregunto ¿no será que por causa de la inercia, la levedad, el conformismo, el sectarismo, la apatía... nos estamos convirtiendo lenta e imperceptiblemente en 99 ovejas solitarias dejadas en el desierto?

La Palabra de Dios da testimonio de que el pastor sigue buscando la que se encuentra perdida.

Fe es nostalgia


"Fe es nostalgia. Es un nudo en la garganta. La fe es más un paso adelante que una posición, más un presentimiento que una certeza. La fe es espera. Ella está caminando en el tiempo y en el espacio. Por lo tanto, si alguien se acerca y me pide (lo que sucede con frecuencia) hablar sobre mi fe, es exactamente sobre esa jornada en el tiempo y el espacio que hablo. Los altos y bajos de las lágrimas, los sueños, los momentos particulares, las intuiciones. Hablo sobre la sensación ocasional que tengo de que la vida no es una secuencia de eventos que generan otros eventos al azar, como un golpe en el juego de billar hace que las bolas partan en diferentes direcciones, sino que la vida tiene un itinerario, así como en una novela aquellos eventos, de algún modo, nos llevan a algún lugar".

Extraído por Philip Yancey de Going on Faith de Frederick Buechner y citado en Alma Sobrevivente - Mundo Cristão - página 263. Tradujo Gabrindio :)

25 septiembre 2006

Fe también es duda

por Ricardo Gondim

“y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres" Juan 8:32

Vivo inquieto; reconozco mis dudas. Siento que las respuestas estereotipadas, y supuestamente hegemónicas de la religión, pierden su vigor dentro de mí. Ávido por saber, leo lo que se escribe sobre Dios, sobre la saga humana y sobre la estupidez de las lágrimas de los niños que mueren de forma aún más estúpida por el mundo. Mi labor personal y mi búsqueda frenética de entender los por qué reposan sobre algunos presupuestos.

  • Creo en la realidad trascendental tanto como en nuestra capacidad, divinamente inspirada, de sublevarnos contra las tragedias y de acoger la felicidad que nos sobrevienen indiscriminadamente. Considero que fuimos dotados de una valentía virtuosa para cuestionar y que podemos distinguir la verdad de la realidad. Acepto la tradición aristotélica de que la verdad es, muchas veces, un proceso de adecuación de nuestra razón a las cosas. Así, entiendo que necesitamos rebelarnos contra toda forma de dominación. Me repugna quienes osan negar la sed trascendental en la humanidad. Confío en el ideal libertario que mobiliza a los constructores de la historia.

  • Creo que no debo domesticarme atemorizado por el dogmatismo religioso que promuebe el estancamiento. No espero encontrarme, un día, petrificado por las conclusiones ajenas. Odio imaginar que, por temer lo nuevo, me convertiré en un fanático intransigente y arrogante.

  • Creo que no puedo aceptar la idea de ser un eslabón más en la larga sucesión de pensadores cristianos que empequeñecieron el conocimiento de Dios. La teología ya fue sometida como súbdita ideológica de los poderosos. De esta manera, rechazo esa teología ilusoria que se presta al mantenimiento de privilegios y al oscurecimiento de la razón.

  • Creo que necesito apartarme de la mentalidad de gueto de los evangélicos. Sin embargo, mi distanciamiento debe anhelar una mayor aproximación a la vida. Creo en la posibilidad de recuperar la pasión por la vida, transformar la existencia en una aventura cautivante y reconquistar los procesos que se perdieron por la inercia de las doctrinas ya hechas.

  • Creo que Dios quiere vernos desarrollando una fe impregnada de responsabilidad. Permanezco convencido que El desea ayudarnos a ser responsables, responder por nuestros actos y no huir de sus consecuencias. Estoy de acuerdo con el pensador existencialista Gabriel Marcel que afirmó: "El hombre libre es el que puede prometer y puede traicionar". Sigo convencido de que el pensamiento teológico nos debe mantener conscientes de que la transgresión de la ley es siempre posible, aún la no codificada, pero que nosotros mismos escojemos respetar.

  • Creo que no puedo cimentar mis convicciones únicamente sobre el sentido común. Rechazaré los bozales impuestos por la tradición y por el fundamentalismo carente de crítica. Quiero mantener viva dentro de mi la llama de la Reforma Protestante que se opuso al dogmatismo; reivindicaré la posibilidad de la duda. Quiero ser un protestante que no se aterroriza con la mentalidad analítica. Abdico de la religión infantilizadora.

  • Me siento cada vez más ajeno a aquellos que se contentan en repetir las conclusiones de los otros. Los reconozco como profetas patéticos; esforzados en impedir que usemos nuestra mente para evitar la alienación. Acepto los argumentos filosóficos de Maria Lucia Aranha de que el uso de la palabra alienación representa un peligro en todos los sentidos: "En el sentido jurídico, se pierde la posesión de un bien; para la psiquiatría, el alienado mental es aquel que pierde la dimensión de sí en la relación con los otros; por causa de la idolatría, se piede la autonomía; según la concepción de Rousseau, el pueblo no debe perder el poder; la persona alienada pierde la comprensión del mundo en el que vive y se vuelve ajena a segmentos importantes de la realidad en que se encuentra inserta".

  • Creo en mi vocación y elección cristianas, por lo tanto, no me adaptaré al inmovilismo reaccionario "hospedado en la comodidad de las verdades absolutas". Escucho en la revelación bíblica la invitación para seguir lo infinito, allá donde nunca se pierde el asombro. Por lo tanto, no evitaré maravillarme delante del Misterio, la única manera de ser libre.

  • Soli Deo Gloria.

    Visiones de espanto


    (o por qué decidí bloquear algunos canales de televisión)

    Lo reconozco, mis expectativas en relación a la televisión evangélica eran otras. Pensé, tontamente, encontrar más virtudes cristianas que bajezas humanas fluyendo por ese medio de comunicación.

    Mi reciente decisión de bloquear los canales evangélicos del televisor no fue fruto del legalismo irracional. Además de sentir verguenza e indignación por esta pantomima ridícula de cristianismo, sentía que asisitr a este sainete me estaba afectando físicamente.

    A continuación tres episodios y mucho escozor, su lectura explica mi desazón. Sabrán por qué aprecio cada vez más la bendición de la lectura y a las bestias del Animal Planet (que me generan más simpatía que estas otras bestias apocalípticas).

  • Episodio 1. No entre!

  • Un anciano pastor encorbatado invitaba a los televidentes al servicio dominical de su iglesia. Fue por su entusiasmo que me quedé unos minutos más en ese canal (el mismo entusiasmo que en breve me haría hervir la sangre). Lamento recordar textualmente sus palabras:

    - "Todos están invitados a nuestro templo, pero atención, si usted no viene vestido decentemente, no entra! Hombre sin pantalón largo, no entra; mujer mostrando el ombligo, no entra; hombre sin corbata, no entra; mujer mostrando los senos, no entra...
    Si usted no viene vestido decentemente, como agrada a Dios, no se atreva a entrar al templo! porque tenemos personal debidamente entrenado que no lo va a dejar entrar!"-

    ¿Hacen falta más explicaciones?

  • Episodio 2. Money, money, money...

  • Uno de los predicadores 'estrella' del pentecostalismo norteamericano estaba compartiendo con su público una revelación que Dios le había dado recientemente. El Señor, según él, le había dicho que prometía bendecir a su pueblo de la siguiente triple manera:
    1º. Un hogar libre de estrés, por un año.
    2º. Sanidad divina, por un año.
    3º. Prosperidad económica, por un año.

    Como suele suceder en estos casos, todo está fríamente calculado. El 'ungido' invoca a la divinidad, y una vez que te tiene entre sus manos te exprime hasta el mismo aliento. ¿Cómo alguien puede ser tan ingenuo para pensar que todas estas bendiciones maravillosas de Dios serían otorgadas de pura gracia? No señor, el 'ungido' dijo que esta triple bendición estaba reservada sólo para las primeras mil personas que enviaran un 'donativo' de 8.500 dólares para su ministerio antes de Pascua.

    Lo único que el ciego creyente seguidor de este ciego mediador mediocre debía hacer era elegir la forma de pago: un cheque por el monto total de la 'bendición', diez cuotas de 850 dólares, o cien cuotas de 85 dólares.

    ¿Se imaginan la cantidad de gente que habrá, ávida de la intervención divina en sus vidas, engrosando la cuenta bancaria de este estafador?

  • Episodio 3. Viva la pena de muerte!

  • Un predicador centroamericano, de estos de doctorado por correspondencia y que les encanta que les llamen 'reverendo', estaba tirando contra todo y contra todos en su sermón dominical transmitido por televisión para todo el continente. Sus argumentos para refutar a todo aquel que no pensara como él eran endebles e invocaba la Biblia como si fuera su talismán, un fetiche.

    Me gusta relacionarme y escuchar a gente que piensa distinto a como yo pienso, aprendo, crezco, reflexiono. Claro, mi grado de tolerancia tiene también su límite, por ello me reconozco profundamente humano. Creo que el respeto es fundamental para el diálogo entre diferentes, aunque hay barrabasadas que me revuelven el estómago y todo su contenido.

    El último punto del sermón de este personaje tenía que ver con el debate por la pena de muerte que se está dando en su país por estos días. Escuchen:

    -"Quiero decirles algo, no se que está esperando el presidente para firmar el decreto e imponer la pena de muerte en nuestro país. Lo necesitamos con urgencia, nuestras cárceles están demasiado llenas. Yo no creo en eso de que hay que perdonar, el que mató tiene que morir. Yo quiero la pena de muerte para mi país, y la quiero ahora!"-

    Hay gotas que derraman vasos, esto fue una cascada escatológica.

    Elegí estos tres momentos entre varios a los que me arrepiento de haber asistido. Hay características a través de las cuales se pueden vincular a unos con otros: carencia total de misericordia, megalomanía, abuso, charlatanería, etc. ¿Y Cristo? el más ausente.

    Frente a esta falsa religión añoro el azote de cuerdas de Jesús, aquel que puso patas para arriba las mesas de los usureros, pero esta vez en tanto estudio de televisión. Quiero acercarme a la mesa para escuchar a aquel Jesús que come y bebe con los pecadores. La televisión me dejó cansado y agobiado, se que él puede hacerme descansar.

    Que así sea.

    22 septiembre 2006

    Te estamos llamando, Señor

    "Te estamos llamando, Señor.

    Porque seis días trabajaste y al séptimo descansaste. Esa fue tu enseñanza: apartar un día para tu honra. Por eso, hoy, mujeres y hombres de este barrio dejamos nuestros trabajos y llegamos hasta esta casa para pedirte que te quedes con nosotros.

    Pero, en una esquina con semáforo, en (el barrio porteño de) Mataderos, hoy trabaja Cachito, un pibe de ocho años, con su esponja y baldecito limpiando vidrios de los autos.
    Por eso te imploramos, Señor, ¡míralo!

    A la salida de una enorme iglesia de (el barrio porteño de) Recoleta, trabaja Dorita, ella está en la escuela primaria, pero hoy vende estampitas a todos los que salen del templo.
    Por eso te rogamos, Señor, ¡cuídala!

    En una tierra lejana, aunque muy cerca de donde nació Jesús, tu Hijo, Mohamed el carpintero, llora y maldice mientras termina su trabajo: es una pequeña caja de madera. Hoy deberá entregar doce cajas más para enterrar a los chicos que mató el misil que cayó ayer en el pueblo.
    Por eso te pedimos, Señor, ¡consuélalo!

    Ya lo ves, llegamos con algún cansancio y el corazón herido.
    Porque pese a tantas maestras y maestros abnegados, a tanta enfermera y médico esforzado, a tantas madres y padres amorosos, todavía toleramos a esos que esclavizan, que humillan y que matan a nuestros niños.

    Por esta culpa vieja que arrastramos, por todo el desvelo que merecen nuestros pibes, por esta deuda que tenemos con la vida, te rogamos humildemente, casi avergonzados, no nos dejes solos, Señor.

    Ven a acompañarnos, necesitamos tu consuelo o tu juicio, pero no nos niegues tu presencia. ¡Con ansias esperamos tu Palabra y el vuelo de tu Santo Espíritu para que nos deje tu paz!

    Te invocamos, Señor. ¡Amén!"

    Hugo R. Tisera
    Red de Liturgia del Consejo Latinoamericano de Iglesias

    12 septiembre 2006

    Valor

    "El valor de las cosas no está en el tiempo que ellas duran, sino en la intensidad con la que suceden. Por eso existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables"

    Fernando Pessoa
    poeta portugués
    1888 - 1935

    07 septiembre 2006

    La bienaventuranza que aún no alcancé

    por Ricardo Gondim

    Mi padre falleció el día seis de diciembre de 2005. En su funeral, agradecí a Dios por su mayor legado en mi vida: dignidad.

    En la época del golpe militar de 1964, papá no claudicó y fue preso. Conducido a la base aérea de Galeão, permaneció incomunicado durante muchos meses. Sufrió tortura, humillación y aún después de ser juzgado y declarado inocente fue expulsado de las Fuerzas Armadas. Implacablemente patrullado por el régimen mi padre fue un ejemplo de firmeza.

    Delante de él percibí que existen virtudes que aún no alcancé. Reconozco que no encajo en la bienaventuranza de Mateo 5:10 "Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos".

    No me puedo incluir en esa promesa pues nunca hice ninguna vigilia solitaria en las veredas de los hospitales públicos que desprecian el derecho del pobre, nunca marché por los ancianos y nunca corrí riesgo alguno por niños abandonados; aún no me encadené a un árbol para no permitir que él sea cortado por la gula de la especulación inmobiliaria; aún no hice huelga de hambre por ninguna causa.

    No puedo reclamar ser incluido en este versículo del Sermon del Monte se para mí el tráfico internacional de prostitutas es apenas una noticia bizarra en el informativo de las 8 de la noche. Aún no organicé ninguna manifestación contra el avance de la pedofilia. ¿Cómo puedo considerarme bienaventurado si analizo los movimientos sociales con lentes ideológicos y no percibo en cada uno de aquellos manifestantes harapientos un ser humano carente de dignidad?

    Despues que enterré a mi padre medité sobre mi vocación, y ahora atino sobre por qué nunca me esposaron o persiguieron.

    Fui institucionalizado. El sistema me tragó. Toda mi vida acepté pasivamente que las banderas ideológicas fueran arriadas por el poder del capital. Ingenuamente no escuché cuando un pastor chino me advirtió, hace mas de veinte años, que ninguna ideología, partido político o sistema religioso consigue resistir al poder del capital. Así, con los brazos cruzados, dejé a mi generación capitular delante del consumismo materialista. Desde la platea asistí a la transformacion de muchas iglesias en mostradores de servicios religiosos y a muchos pastores convertirse en mercachifles de la Palabra de Dios.

    Jesús prometió a los perseguidos por causa de la justicia una gran recompensa en los cielos. No puedo esperar tal galardón. Mi vocación profética es simbólica, con poca densidad. Siempre encontré más fácil criticar que involucrarme. Me olvido que el movimiento desencadenado por Rosa Parks contra las leyes racistas del sur de Estados Unidos sólo progresó porque Martin Luther King no tuvo miedo de marchar por las calles de Alabama. El apartheid de Sudáfrica sólo fue desmantelado porque el obispo anglicano Desmond Tutu resolvió transformar sus sermones en acción política y el metodista Nelson Mandela pasó 30 años en la cárcel.

    Confieso. Aún no me veo digno de la felicidad de recibir el mismo galardon de los profetas. Pues ellos defendieron a los huérfanos y a la viudas, yo me contenté con predicar un mensaje desencarnado. Por años hablé del cielo para huir de las injusticias que me rodeaban. Erré, al prometer salvación como una forma de mitigar el sufrimiento impuesto a los pobres por gobiernos sin prioridades. Hablé, cuando no comprendí la advertencia de Santiago (1:27) "La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo".

    En el Sermón del Monte sólo una virtud es mencionada dos veces: justicia. Ella es tan prioritaria para Jesús que sólo entenderé completamente su valor cuando siga sus pasos rumbo al Calvario.

    Vala la pena recordar a personas en Brasil como Frei Betto, que tambien sufrió durante la dictadura. Enclaustrado y sin perspectiva de liberación, el notó que sus verdugos procuraban humillarlo aún más. Usando artilugios legales procuraron cambiar su condición de preso político para el de condenado común. En esa circunstancia ese fraile católico hizo una huelga de hambre como forma de resistencia. Después de varios días sin alimentación, debilitado y peligrosamente próximo a morir, sus familiares intentaron persuadirlo, pidiendo que se retracte: "Basta Betto, nuestra mayor dádiva es la vida" le dijeron. "No la arrojes por un detalle jurídico", insitieron. Resuelto, él respondió: "No, la mayor dádiva que recibí de Dios no fue la vida, y sí la dignidad". La bienaventuranza que genera dignidad nace del compromiso con la justicia, de la disposición de transformar valores en acción, y de la inconformidad con la cobardía.

    Se que aún tengo mucho que aprender y crecer, pero antes de hacer mi última travesía, espero ser incluido en esa felicidad que pertenece solamente a aquellos que pudieron repetir con Pablo (Hechos 20:24): "Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios".

    Soli Deo Gloria

    30 agosto 2006

    A mi abuelo

    Otra vez el desvelo.
    Me acordé de tus ojos, tu mirada lejana.
    Sentí otra vez tus pasos lentos, dolorosos.

    Prometí no olvidar tu sonrisa, tus abrazos.
    Tus palabras tiernas, tu complicidad amiga.

    Tu soledad, es ahora mía.
    Es tu Dios trascendente, que me atrapa, me vence.

    Escuché el murmullo, tu oración silenciosa;
    que repite mi nombre, cada día.

    18 agosto 2006

    En la brecha


    EN LA BRECHA

    ¡Ah desgraciado si el dolor te abate,
    si el cansancio tus miembros entumece!
    Haz como el árbol seco: reverdece
    y como el germen enterrado: late.

    Resurge, alienta, grita, anda, combate,
    vibra, ondula, retruena, resplandece...
    Haz como el río con la lluvia: ¡crece!
    Y como el mar contra la roca: ¡bate!

    De la tormenta al iracundo empuje,
    no has de balar, como el cordero triste,
    sino rugir, como la fiera ruge.

    ¡Levántate!, ¡revuélvete!, ¡resiste!
    Haz como el toro acorralado: ¡muge!
    O como el toro que no muge: ¡embiste!

    José de Diego - poeta puertorriqueño
    (1866 - 1918)

    16 agosto 2006

    90 años

    Hoy mi abuela Angela, en Argentina, cumple 90 años. Quise compartir con ustedes algunos pensamientos que le dediqué.

    Gabriel
    ><> ><> ><>
    Gorda,

    Feliz Cumple! Me gustaría mucho estar ahí, con vos, para que entre anécdotas, silencios y miradas cómplices nos riéramos un rato.

    Recuerdo que cuando cumplistes los 70 te preguntabas ¿llegaré a los 80? Cuando esos esperados y difíciles 80 llegaron, otra vez tu pregunta, ¿llegaré a los 90? Me imagino lo que te estás preguntando hoy...

    Lory me dice que alguien, algún día, debería de escribir tu historia. Muchos lectores quedarían fascinados, no tengo dudas. De aquella muchachita que escapó de casa siendo una niña a la bisabuela de hoy hay un camino recorrido muy largo.

    Siempre supistes dar humor a cada una de tus anécdotas, aunque fueran profundamente tristes. Me recuerdo siendo un niño y vos contándome de tu paso por el circo, por el boxeo, por la cárcel, por la pobreza extrema. Siempre con una sonrisa. La dureza de la vida sólo te hizo más fuerte. Las marcas de bala en tu cuerpo son el recuerdo de aquella muchacha que vivió en la clandestinidad, la que se escapó de la policía. Siempre huyendo, hasta que un buen día la gracia de Dios te encontró.

    Fuistes la compañera del abuelo, la que junto a él supo que las privaciones, la enfermedad y el dolor eran también parte de la experiencia de la fe. La que bajo las inclemencias del tiempo, de madrugada, también puso ladrillo sobre ladrillo para construir la iglesia que vio crecer a muchos, a mí entre ellos.

    Hoy, a tus 90 años, con la mente todavía lúcida, como siempre, quiero decirte algunas cosas que he aprendido de vos:

    * Me enseñastes a creer en mí. A creer posible lo imposible, y a que el mundo todo no puede contra la determinación de una sola persona.

    * Me enseñastes a amar la libertad. Admiro tu inconformismo, el salirte de los moldes preestablecidos, el rechazar el "está todo dicho", tu rebelión contra toda subyugación. Ese "potro salvaje" que corre por tus venas, también corre por las mías. Lo heredé de vos.

    * Me enseñastes que puedo ir a Dios con confianza. Ese mismo Dios que en innumerables ocasiones palpamos sobrenaturalmente, es el mismo que soporta nuestras inconsecuencias, recibe nuestros reproches, escucha nuestros cuestionamientos, tiene misericordia de éstas sus criaturas imperfectas. El mismo Dios que permanece Amigo, todo el tiempo.

    Te quiero así, Gorda, con todas tus locuras y todas tus genialidades.

    Deseo que Dios te bendiga hoy especialmente, celebrando la llegada de un año más.

    Tu nieto,

    12 agosto 2006

    No es con espadas ni con ejércitos

    por Samuel Pagán desde El Nuevo Día

    En las últimas semanas hemos sido testigos de una serie extraordinaria de demostraciones de fuerza, violencia y muerte en el Oriente Medio.

    De un lado, los combatientes de Hezbolá han secuestrado a varios soldados israelíes, y, además, han llevado a efecto una campaña agresiva de ataques continuos con misiles al norte de Israel.

    Del otro, las respuestas militares del ejército israelí en el Líbano han sido firmes y masivas. Esas acciones bélicas han puesto en vilo los esfuerzos de “paz con justicia” en la región, y han detenido las muy frágiles conversaciones de paz entre Israel y la Autoridad Palestina.

    En efecto, las imágenes de televisión han revelado claramente los niveles de la crueldad e inmisericordia del conflicto, pues un sector importante de las bajas de guerra no es militar sino civil. Los ataques desde el sur del Líbano a Haifa, han puesto de manifiesto lo irracional del conflicto, pues es prácticamente imposible que los esfuerzos y las estrategias de Hezbolá puedan superar la extraordinaria maquinaria militar de Israel.

    Y las respuestas de Israel han puesto en evidencia la imprecisión de la tecnología bélica y también la injusticia de esas reacciones, particularmente hacia los sectores civiles más vulnerables y débiles.

    En el Líbano, se encuentran cara a cara los combatientes de Hezbolá con el poder de la tecnología militar israelí. Miden fuerzas: las milicias que fundamentan sus programas en la eliminación del estado judío con uno de los ejércitos más poderosos del mundo y se encuentra la guerrilla urbana y rural de Hezbolá, con lo más desarrollado de las llamadas “ciencias militares” contemporáneas.

    Sin embargo, para comprender bien lo que sucede en el Líbano, y también en otros escenarios de guerra en el Oriente Medio, hay que tomar en consideración uno de los factores más importantes de los orígenes del conflicto: el futuro de Palestina como un estado independiente. Y ese necesario y requerido estado palestino debe ser, además, económicamente sostenible y políticamente viable.

    Es decir, que los análisis críticos y precisos del conflicto en el Líbano, Cisjordania, la franja de Gaza y el resto del Oriente Medio -por ejemplo, Irán e Irak- no pueden soslayar, si desean ser efectivos, el importante tema palestino, que puede ser un factor determinante en el desarrollo de las conversaciones de paz en la región.

    Israel está frente a un desafío formidable: ya ha probado que la fuerza militar no es suficiente para llegar a acuerdos de paz permanentes y justos con sus vecinos. Ha experimentado que las decisiones unilaterales no conducen a la pacificación de la región. Ha descubierto que las treguas y altos al fuego no son duraderos. Y ha visto que la construcción de muros no termina con la violencia. El estado israelí debe percatarse que su seguridad nacional está íntimamente relacionada con el establecimiento y la viabilidad del nuevo estado palestino.

    Le corresponde ahora a ambos pueblos explorar otros caminos hacia la paz duradera. Es hora de deponer las armas y vivir lo que afirmaron los antiguos profetas bíblicos: la fuerza militar no es adecuada para superar los conflictos internacionales que deben dirimirse en la mesa del diálogo digno, justo y respetuoso.

    La única forma de tener un estado israelí fuerte y seguro, es con la implantación de la justicia en los territorios palestinos, que se relaciona con la creación de estructuras políticas, sociales y económicas que contribuyan positivamente al bienestar del pueblo. En efecto, una vez más se escuchan las voces proféticas, que nos recuerdan el importante mensaje de la paz: “No es con espadas ni con ejércitos, sino con mi Espíritu, ha dicho el Señor”.

    24 febrero 2006

    Coraje

    Gracias Edison y Silvia, desde Ecuador!

    ¿Qué es coraje? Se define como la capacidad mental que permite a las personas enfrentar al peligro con firmeza, sin temor y sin desaliento.

    La historia narra que Martín Lutero fue uno de los hombres más audaces e intrépidos que hayan existido. Cuando partió en su viaje hacia Worms para enfrentar las preguntas y las controversias que sus enseñanzas habían suscitado, dijo: "Podreis esperar de mi todas las cosas, excepto temor o retracción. No huiré..."

    14 febrero 2006

    No sólo de pan vive el hombre

    Tomado del blog en portugués 'Sombra do Deserto'

    Un día, mientras era pequeño, un hombre llamó a la puerta de mi casa a la hora del almuerzo mendigando un poco de pan.

    Habiendo comida sobre la mesa mi padre le invitó a entrar y comer, no sólo pan, sino participar del resto de la comida que le serviría en un plato como a los demás.

    El hombre rehusó el plato y el vaso de vino que le extendieron mis padres, justificaba esa decisión la tuberculosis que padecía y el temor de contaminar a quien le daba de comer. Era la enfermedad que le impedía trabajar y ganar el sustento.

    Mi padre le dijo que comiera sin temor a la mesa de quien ya había sufrido la misma enfermedad y que sabría como proceder, por la experiencia del pasado.

    Resignado y con más confianza el mendigo sació su hambre y su sed, sobre aquellos gestos dignos de inspirar la más solidaria de las Santas Cenas y donde cualquier mendigo era elevado a la condición de apóstol en una religión anónima de solidaridad. Misterio, quién sabe, de la fe o de la fraternidad.

    Hoy ya no tengo a mi padre, pero guardo este recuerdo de él, de aquella situación y del pan y de los mendigos que continúan tocando a la puerta de cada uno de nosotros.

    11 febrero 2006

    Padre nuestro del buen humor

    por Wanda Hernández - CLAI

    Dios nuestro que estás en nuestras vidas,
    santificada sea tu risa.
    Venga a nosotros tu gozo.
    Hágase tu buen humor
    así en la alegría como en el dolor.
    La sonrisa nuestra de cada día
    ayúdanos a ofrecerla hoy,
    y perdónanos nuestros malos humores
    así como cuando contagiamos con ellos a los demás.
    No nos dejes caer en la tentación,
    más líbranos de la apatía,
    porque tuya es la gracia
    y el poder de la alegría
    por todos los siglos.
    Amén...

    Silencio

    por Frai Betto,

    Conozco el silencio de los monjes, aunque los conventos actuales, enclavados en las ciudades, sean en general ruidosos. En las excepciones a la regla, los religiosos comen en silencio, caminan por el claustro sin que nadie los interrumpa, se quedan horas en la capilla dejándose embriagar por el Misterio. Hoy, muchos practican la meditación en búsqueda del silencio. Quieren sumergirse en el propio pozo y beber de la fuente de agua viva.

    Las nuevas generaciones ya no aprenden a cerrar los ojos para ver mejor. Saben poco de las grandes tradiciones espirituales; se inclinan sin reverencia; se arrodillan sin orar; meditan sin contemplar; ignoran que la soledad es un ejercicio de solidaridad. No escuchan al Misterio, ni auscultan al Invisible. Son cada vez más raros los jóvenes que hacen la experiencia de dejar a Dios hablar en ellos, así como el amado disfruta de la presencia invisible, aunque envolvente, de la amada.

    10 febrero 2006

    Bonhoeffer II

    Fragmentos...

    "Parece como si se tratara sólo de eso, de si aún se puede deducir a partir del fragmento que constituye nuestra vida, cómo estaba realmente proyectada y pensada la vida en su totalidad, y de qué material se compone la misma. Pues hay fragmentos que hay que desechar, y otros, que son significativos por los siglos, porque su perfección no puede ser otra cosa que obra de Dios, es decir, fragmentos, que tienen que permanecer siendo fragmentos - pienso, por ejemplo, en el arte de la fuga musical. Y si nuestra vida tan sólo llegase a constituir el más tenue reflejo de tal fragmento, en el que, aunque sea por breve tiempo, concuerdan los diferentes temas acumulados, y en el que el gran contrapunto se mantiene desde el principio hasta el fin, de forma que al final como mucho pueda ser entonada la coral "Ante tu trono me presento"; entonces no debemos quejarnos de nuestra vida fragmentaria, sino sentirnos dichosos de la misma."

    Dietrich Bonhoeffer "Resistencia y sumisión"

    04 febrero 2006

    Los Santos Inocentes

    Por Néstor Míguez *

    Voz fue oída en Ramá,
    grande lamentación,
    lloro y gemido.
    Es Raquel que llora a sus hijos
    y no quiere ser consolada,
    porque ya no están.
    Jeremías 31,15. La Biblia

    El día de los Santos Inocentes fue fijado en el calendario cristiano en recordación de la matanza de los niños de Belén, ordenada por Herodes, al enterarse del nacimiento de quien sería el Mesías. José recibe en sueños un aviso y huye con Jesús y María, pero los otros niños de la aldea son asesinados. Saramago, en El Evangelio de Jesucristo hace de este momento un eje de su novela. El episodio original es narrado en el Evangelio de Mateo, que toma esta cita de Jeremías como su motivo.

    Mateo no dejó que se borrara la memoria de aquel Herodes homicida. Herodes reparó el Templo y destruyó al pueblo. El (pero no sólo él), que llega al trono amparado por el Imperio, termina matando a los hijos de su propia gente para no perder su injusto poder. Soldados contra niños, armas contra llantos, el terror como método del rey. El que teme perder su trono no puede sino ver amenazas en todo. Y las madres de los inocentes que no quieren ser consoladas... De paso, vale la pena recordar que el “nombre de guerra” del ex almirante Massera era justamente “Herodes”. Entre el Herodes bíblico y el argentino (no será también el nombre de guerra de algún otro...), hay un ida y vuelta del relato.

    Desde mi Argentina de veinte siglos después me arrimo a Mateo mientras escribe su Evangelio. Me siento junto a su mesa de trabajo, le acerco una taza de café, y le digo:
    –Los comentaristas debatirán dentro de varios siglos, querido Mateo, si tu relato es histórico, si se ajusta a los hechos, o cómo justificar teológicamente que mueran inocentes para salvar al salvador. Incluí tranquilo estos datos, hermano, la historia los hará verdaderos. Yo te digo, desde mi triste experiencia, que los hechos se ajustan a tu relato. Una y otra vez los injustos aliados del Imperio resguardan su poder matando inocentes. Lo llaman “guerra preventiva”, los nombran “daño colateral”, tristes copias, hechas con pantógrafo, del prevenido Herodes...

    Mateo hace una cara rara, en su mundo no existe el café y su sabor le sorprende. Yo continúo:
    –Es más, le digo, yo conozco esas madres que no quieren ser consoladas. Tienen nombres: se llaman Azucena Villaflor, Adela Antokoletz, Nora Cortiñas, Hebe de Bonafini, Estela Carlotto.... Algunas padecieron la misma suerte que sus hijos, otras murieron ya, otras viven sin dejarse consolar, sin bajar los brazos que reclaman, cada una a su manera, sin dejar de dar sus vueltas frente a la casa de Herodes, en la plaza de puebladas y de muertes, plaza de pueblo y traiciones, reclamando por sus hijos. Sus pañuelos blancos en la cabeza son emblema de un dolor que se hace lucha. Esas madres que no aceptan el consuelo, porque su dolor es parte (parto) de su lucha. Son esas abuelas infatigables que rebuscan en los rastros del horror porque saben que allí todavía pueden estar, escamoteados, los herederos de sus sueños.

    Me exalto con mi propio discurso, me olvido de Mateo y sigo, hablando ante la pared de adobe de esa choza de lo que es ahora el sur del Líbano (se supone que Mateo escribió su Evangelio en esa zona), secular conocedor de esos mismos horrores (1982, Sabra y Shatila). Veo esos queridos rostros conocidos y otros desconocidos, igualmente queribles en su espanto. Yo también, como Mateo cuando escribe, voy viendo pasar los hechos a medida que los digo. “Clamen, madres del dolor y la esperanza. No dejen de clamar por los siglos, madres de Ramá y de Belén. Con las madres de Irak y de Gaza, y nuevamente de Belén. Con las madres de Auschwitz o de Armenia, y de todos los genocidios de la insensata historia humana. Griten y lloren con las madres de todos nuestros pueblos de la América indígena, diezmados en sus propias tierras por el afán homicida del conquistador lanzado en la búsqueda del oro y el poder. Griten con las madres de Soweto, con las de Hiroshima, con los millones de madres de holocaustos de inocentes que la soberbia, la ambición y el prejuicio siembran en nuestra historia. Con las madres de Biafra y de Haití, viendo a sus niños morir en el hambre impuesto, en la miseria calculada. Junten sus voces desgarradoras con las madres de los niños nacidos deformes por la contaminación insensata de tierras y aguas, o en los infiernos desatados por el napalm en Vietnam. Júntense los millares y millones de esas voces que han visto pisadas, no la cabeza de la serpiente, sino la cabeza de sus niños, por las hordas homicidas que una vez tras otra los Imperios y sus aliados, provistos con las armas del hierro o del dinero, han desatado sobre los pueblos indefensos. Que sus gritos de espanto resuenen siempre, sin ceder ante las ofertas del consuelo de los compradores de conciencias. No oigan las palabras dulces con las que las quieren ablandar los predicadores de las reconciliaciones indignantes. Que nunca se detengan en su empecinado lamento, esa desbocada exigencia de vida, esas vueltas interminables en las plazas de los pueblos; que no se acalle ese clamor de justicia que se levanta desde el fondo de los siglos y llega hasta hoy, para que el Imperio nunca duerma sin sentir, aunque se tape los oídos, que sus masacres no han quedado en el olvido.

    Mateo me mira atónito. Hay nombres que le suenan extraños, situaciones que le suenan conocidas. “Escribe, querido Mateo, hermano. Escribe que tus palabras convocan a miles en todos los tiempos. La historia hará tristemente cierto tu cuento, alentadoramente fiel tu Evangelio. Sigue escribiendo este espejo del alma humana, sigue adelante y no te detengas hasta la resurrección necesaria”, le digo, como si el Espíritu no se lo hubiera dicho ya.

    * Pastor de la Iglesia Evangélica Metodista, profesor de Nuevo Testamento del Instituto Universitario Isedet.

    Publicado por Página 12, 28 de diciembre de 2005

    02 febrero 2006

    Bonhoeffer I

    "Creo tener la certeza de que no lograré la clarividencia y la sinceridad interiores a menos que empiece a actuar consecuentemente con el Sermón de la Montaña... Y es que hay cosas por las que merece la pena comprometerse del todo. Y me parece que la paz y la justicia social, o sea Cristo en el fondo, lo merecen".

    Dietrich Bonhoeffer
    Carta dirigida a su hermano Karl-Friedrich, 14 de enero de 1935